La verdadera escucha es comunión

Posted by on Sep 19, 2016 in Extractos | 0 comments

Cielo

Cuando no tienes que enseñar nada a nadie, cuando tan solo compartes un mensaje, el efecto de aprender se multiplica.

Aprender no como educar, ni como acumular, ni como corregir, ni como modelar al otro, sino como movimiento que se despliega en el presente. Es un intercambio de preguntas y respuestas que uno hace a su interlocutor para descubrir lo verdadero en lo falso.

Es creativo en sí mismo, pues uno no controla la conversación, sino que ella toma el camino que la espontaneidad del encuentro diseña en su siempre presente.

Encontrar una persona que no haya atesorado prejuicios, opiniones, creencias, ideologías (políticas o religiosas) no es suficiente. Se necesita que el otro (que es uno mismo) sintonice la verdadera escucha, sin predilecciones.

Escuchar es una ciencia…y un arte en sí mismo.

No se trata de empatizar con las emociones y la mente del otro, sino…simplemente escuchar. Escuchar vacío de palabras, de conceptos, con todo el cuerpo y la energía disponible del presente. Sin barreras, con total disponibilidad, como cuando descubres un nuevo paisaje que no ha sido visitado otras veces. Esta escucha es expansiva, no contractiva. El poder contractivo del ego, con toda su tribu de chismorreo constante, no tiene cabida en este escuchar.

En cierta manera, es la salud perfecta, el estado perfecto y la tierra virgen para sembrar la semilla del despertar.

Esta escucha está más allá de las palabras, es verdaderamente comunión.

Un encuentro así trasciende a la propia persona.

Es como el manantial de agua fresca que desborda la vida.

Uno se convierte en copa y puede brindar con el otro, que es uno mismo, liberando toda ilusión de falsa separación.

Encontrar un amigo así es un privilegio reservado  para aquellos que subieron a la montaña, ligeros de equipaje.

Es un descubrimiento en sí mismo, donde la cima del respeto, del amor al prójimo y de la comunión más allá de las palabras, resplandece en plena soledad, silencio y libertad.

(Extraído del próximo libro pendiente de publicar “Caminando hacia el Vacío”)

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Un regalo para este otoño literario…

Posted by on Sep 16, 2016 in Extractos | 0 comments

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Dos perritos llamados Amor y Sabiduría

Posted by on Sep 16, 2016 in Extractos | 0 comments

Sol ocultandoseEsa mañana el día era variable. Nubes grises, viento y un perezoso sol que se ocultaba caprichoso por donde pasábamos.

Al soltar a mis perros de sus cadenas, empecé a sentir que esas cadenas que los ataban, eran también las mías con la vida. Uno vive tan apegado a la vida cuando ésta te muestra el misterio de la existencia, sus profundas raíces asentadas en la muerte y en lo sin-tiempo ¡¡ Esos diminutos canes me hablaban desde su acallada voz. Pude escuchar que me decían que esos nombres, dados por el que les escribe…no eran sus verdaderas identidades. Descubrí que eran representantes de las nobles cualidades de la tradición budista. Había pensado muchas veces, al ver sus miradas profundas en mis ojos, que un profundo saber y un delicado amor palpitaba en sus entrañas, más real que el que puede mostrar cualquier bello libro sobre tradiciones espirituales. Pero descubrirlo en forma directa…eso era de locos.

Un mendigo atravesaba los jardines, buscando aliviar sus necesidades naturales en un rincón alejado de la vista. Inmediatamente, supe que ese mendigo también era yo, siempre anhelante de salir de la miseria humana. “Lo que comes es lo que Eres, me dijo la Conciencia. Esa mísera envoltura carnal, con todas sus limitaciones, autoencerrada en la cárcel de la mente, deglutiendo sin parar alimentos para mantenerse vivo. Hasta la mierda que defecas … eso eres Tú”, me dijo.

Entonces, el cuerpo tuvo necesidad de arrojar todo lo que había sido almacenado. La mente callaba, sojuzgada por estas palabras de no se sabe dónde. Hice como el mendigo, intenté aliviar mi esfínter y me oriné en los zapatos. “Orínate en los zapatos tres veces”, me dijo. “La primera sobre tu falso cuerpo, amasijo de huesos y carne putrefacta. La segunda, orina sobre esa mente que cargas como un fardo de estiércol seco y maloliente. Y la tercera, orina sobre esta Conciencia, que no es nada más que un orinal, un recipiente vacío que está repleto de todas tus excrecencias”. Así lo hice. Parecía un simple estudiante zen obediente, disciplinado y dispuesto a descubrir en este juego estúpido, sus últimas consecuencias.

Y a partir de entonces, mi cabeza miró al cielo. Y desde ese espacio que no tiene límites, volvió a hablar la Conciencia. Y dijo: “Todo cuanto ves con tus cinco sentidos es falso. Yo Soy es tu verdadero padre. Si el Padre tiene un hijo, ¿no buscará lo mejor para él? ¿Y si tiene muchos hijos, hará Él distinción entre alguno de ellos? ¿No son todos iguales para Él? Si una oveja se descarría del rebaño, ¿no abandonará Él a las otras para ocuparse de la perdida? A todos trato por igual, aunque parezcan distintos los métodos que utilizo.”

Y agregó además: “Yo cuido de ti por todo el tiempo. Te proporciono sol, agua, tierra y grano para que cultives, este principio de donde nace la Vida. Hasta en el estiércol con que abonas tus campos…allí también habito Yo. Construirás tu casa con los elementos que he creado para ti. Y esta casa será mi casa. Y en ella no habrá sufrimiento, ni hambre, ni miseria, siempre que mantengas la vela encendida de mi Presencia. Y como no sólo de pan vive el hombre, darás testimonio de Mí, pues yo te alimento y te di la vida. Gracias, será tu oración. Y en esta casa donde tú vives no habrá puertas, ni ventanas, ni techos, ni paredes. Si en ella te cobijas, no tendrás necesidad de nada, pues Yo siempre estaré cuidándote.”

Y caminé, sin poder pensar, con lágrimas en los ojos, preguntando “¿Por qué a mí, me revelas estas palabras, que son como una lluvia de amor y de estrellas derramándose sobre mi Ser?”

Sentí el temor de Dios y la temible fuerza de dónde venían. Y un poder ilimitado y asombroso palpitaba por todos lados. Temí ser succionado por esta inmensa energía que como ola gigante se vertía sobre mi insignificante persona. Lloré de dicha, lágrimas de absoluta felicidad extática. Y el corazón palpitaba de alegría rebosante.

Tuve que sentarme un rato. Y mis perros ya no necesitaban ninguna correa para obedecer mis órdenes. Me miraban y eran parte de mí.

Comprendí que el Amor se había puesto al lado de la Sabiduría, y que ambos caminarían juntos. Mi perro Sabiduría siempre había sido más independiente y deseaba guiar a su amo. Pero no. Ahora ya no. Mi perrita Amor estaba a su lado. Y había fusión y armonía entre la mente y el corazón.

Caminé con ellos y subí a la montaña. En la cima, un hombre viejo descendía desde lo alto. Y supe que ese hombre buscaba estas palabras. Pero no eran para él. Había quedado atrapado en los placeres del mundo, en sus obsesiones por el cuerpo y sus necesidades. Y me alejé.

Anduve un rato. Y llegué a una fuente. Allí también estaban sentados un grupo de hombres mayores que miraban con recelo mi presencia. Con sus palabras y su mirada esquiva, conversaban palabras del mundo.

Me senté en un banco y pensé que había desaparecido el cuerpo. Tuve que mirarlo para saber que estaba allí. La mente era un espejo limpio y brillante. Los ojos empezaron a iluminarse desde dentro, como si el sol estuviera saliendo por ellos. Y en el horizonte, el sol que estaba escondido tras las nubes se abrió paso y me miró de frente. Pero no era un sol cualquiera. Parecían mil soles que alumbraban mi frente y mi cara. No podía aguantar su brillo.

Entonces entró algo en mí como un espacio infinito y sólo existía Eso. Y el mar interior se separó en dos partes y el espacio llenó todo. En un momento todo el mundo, los árboles, las personas y mis perros desaparecieron. Y yo también desaparecí.

Cuando llegué a mi casa, la encontré cambiada.

Las cortinas de la ventana de mi despacho eran nuevas. De color naranja. El color de la renunciación budista.

Una luz tenue y liviana inundaba la habitación. Descorrí las cortinas del Samsara…y el Nirvana entró como aire fresco en mi habitación, en mi casa…que no tenía ni tendrá ya paredes.

Y ahora solo sé que me enamoré de este Silencio, que es Paz, Amor, Poder y Sabiduría sin límites.

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El viaje.

Posted by on Jun 29, 2016 in Extractos | 0 comments

Emprender un viaje es una aventura. Uno sabe que se va, pero no sabe si llegará a su destino. El mundo es tan impredecible, con sus múltiples factores, que el hombre cree dominar. Una causa lleva un efecto, dicen las voces de los científicos con su limitado intelecto y sus explicaciones lógicas. El erudito e incluso el estudiante espiritual se atreve a nombrarlo de forma diferentes: la ley del dharma y el karma. Uno sabe de primera mano la ineficacia de argumentar la Vida y sus relaciones, que escapan al control del pensamiento.

Esta mañana emprendimos un trayecto. Uno conoce el origen y por tanto el destino. El primer paso es el último paso. Adentrarse en el camino espiritual es idéntico. No hay carreteras hacia el cielo. Si te guías por esta Conciencia, no te desviarás de tu ruta. No había nadie conduciendo, y por tanto, no podía haber accidentes. Uno miraba el cuerpo y estaba allí pilotando el auto, pero este vehículo se conducía sólo. Tiene su propia inteligencia y uno se siente guiado por algo que le sobrepasa…algo enorme, mucho más grande que el paisaje que veíamos a nuestro alrededor. Conducir con atención, simple atención, no con atención a algo en concreto, abre el abanico perceptual del momento. No había una atención concreta, focalizada en alguna parte de aquella carretera, ni siquiera a las señales plantadas a su paso. Ni incluso a los coches conducidos por otras personas. Todo era un fluir del momento. No había conductor, no había nadie. Tan sólo conducir. Es pasmoso este estado de no hacer nada, pues Él se encargaba de guiarlo a uno, de llegar sano y salvo a su destino. Las señales del camino no le despistaban. Eran señales construidas por el hombre.

Esta carretera la transita todo el mundo. Uno se sentía más inclinado a desviarse a conducir por el sendero solitario, que es en realidad el camino más corto. El que no deja huellas. Pero este era para los pocos. Este sendero no deja huellas y nadie puede seguirlo. Es el sendero del que holla con sus pasos el propio sendero. Pero esta Conciencia es tan compasiva que no permitió al conductor desviarse del camino que transitaba el hombre práctico.

Un enorme tráiler estaba delante. Él no lo vió como un obstáculo, sino más bien como un apetecible receso en el trayecto sin tiempo. Se olvidó de Sí Mismo y se sintió protegido y agradecido a este enorme vehículo que le acompañaba. Fue fácil adelantarlo. Incluso aunque existía poco visibilidad y empezaba prontamente una curva peligrosa. Pero la convicción de estar siempre sano y a salvo es tan potente y certera, que no había duda en quien conducía. Dar gracias es la mejor oración para lavar la Conciencia, dejarla limpia de toda mancha. Es la mejor lavadora del mercado. Y además es la que menos tiempo y energía consume. Ser agradecido es Ser-en-bondad y santifica el momento presente, devolviéndote a tu centro real. El sol hizo un guiño y supimos que ese sol era uno mismo aprobando toda acción sin esfuerzo. Ser sin esfuerzo es verdaderamente Real. Esta ausencia de tensión no se logra mediante gimnasia espiritual o terapias mentales. No puede practicarse. Es un surgimiento espontáneo, donde se descubre la disolución, que no desaparición de la personalidad. Cuando esto se ve, hay un click de ajuste dentro de uno. El cuerpo, la mente y la Conciencia, aparentemente separados, se solidifican, anclando el presente. No es un conocimiento cerrado, sino un continuo aprender, activo, vivo, que moldea la Vida y no puede ser controlado, porque no hay nadie allí dentro controlándolo.

El campo sanaba el ambiente. Las vacas pastando, la cima de la loma y el aire fresco eran un cuadro maravilloso de colores, sensaciones y alegría. No como los cuadros muertos de las exposiciones y museos, que son producto del pensamiento modificado de las personas. No. Era creatividad viva, dinámica, fresca. Era la metafísica del arte y la simplicidad evidente.

Llegamos a un río y lo atravesamos sin problema. El puente era uno mismo…este conocer de forma directa cruza la orilla de los dos mundos aparentemente separados. Y al cruzarlo advertimos que el hombre siempre nada contracorriente intentando buscar la cima de la montaña para ver su origen. Y que estaba totalmente engañado. Era lo opuesto. Ir a favor de la corriente, para disolverse en el mar, no remar con esfuerzo por alcanzar lo que es lejano, sino surfear a favor de la vida, con todos sus encantos y decepciones. Abrazando lo agradable y desagradable, no excluyendo nada. Pocos se suben al barco que les llevará a buen puerto. Prefieren las hazañas imposibles y los méritos del mundo. El que se lanza a este barco no será dañado por el mar del Samsara, el cual se ha tragado a ¡tanta humanidad…! Uno tiene que tener sed de liberación, como cuando el subsahariano busca en el nuevo mundo la libertad, que es el pan de los pobres.

Ya quedan pocas plazas. El barco va a partir.

El que conduce el barco no es uno, sino Él. Por eso cuando advertimos del peligro nunca miramos atrás. Si el bosque se quema, la gacela huye al valle.

Cuando alcanzamos nuestro destino, entonces descubrimos un pueblo de casas blancas, sin puertas, donde todo el mundo se detiene a saludarte. No existe tiempo para sus habitantes que descansan del trabajo del campo y disfrutan de su cosecha. Una manada de pájaros sobrevolaba el cielo. Y supimos que éramos como ellos libres, inocentes y que estábamos más allá de las garras del miedo, del mundo y del sufrimiento.

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La Última Cena.

Posted by on Ene 8, 2016 in Extractos | 1 comment

2011-11-11 13.02.00Te sonará este título.

Quizás sea mi última entrada del blog.

No tengo ya el deseo de escribir, ni tampoco de hablar con personas del llamado “mundo espiritual” sobre este mensaje que transmito desde mi Ser.

Esta personalidad se está agotando…no por cansancio físico, ni psicológico. Sino extinguiéndose en Algo que le llama a guardar Silencio. El Silencio entendido no sólo físicamente, sino en su sentido original, sumergirse absolutamente en la Nada. En mi blog he dado cabida a numerosos representantes de este Silencio, como Krisnamurthi, Yolande Durán, Nisargadatta, Ramana Maharsi, Papaji, Sai Baba y otros.

Ofrecer un abanico de enseñanzas para el espectro psicológico del ser humano, no reservarme nada para mis lectores (que algunos confunden con discípulos o seguidores), apoyando la palabra que libera de la esclavitud del sufrimiento.

He publicado y compartido gratuitamente en las redes sociales mi libro para ofrecerlo como un regalo para los seres que aspiran a dar el salto desde lo personal a lo impersonal.

Pero evidencio que muchas personas no entienden este mensaje. De hecho, no va para ellas, sino que se dirige directamente a la Conciencia.

Uno no desea fama, ni reconocimiento, ni méritos, que ensombrecen el vivir en forma directa esta relación con los demás. Siento que si hubiera puesto en circulación mi libro a un precio razonable, este mensaje sería validado por muchas personas. Como decía Rupert Spira en un artículo, “si me hubiera dejado melena larga, hubiera vestido tipo hindú, hubiera hablado de ascetismos, ayunos y promovido la vida vegetariana, estaría con miles de seguidores que aplaudirían mis charlas”.

Uno tiene que vivir todo el Drama Cósmico que dicen que atravesó un personaje denominado Jesús El Cristo, el cual es claramente un arquetipo de esta Conciencia. Pregonar en el desierto, sabiendo que el fruto de sus acciones se lo deja al Todo. Yo estoy en esa tesitura.

En cierto momento de mi vida, pertenecí a un grupo “espiritual” cuyo dirigente estaba claramente realizado en el Ser. Sus discípulos, como guarda pretoriana, siempre deseaban manejar el mensaje del Maestro. Uno se da cuenta de lo perjudicial que son los grupos cuando toma contacto con ellos. El mensaje que era lo importante, tenía la frescura original del mensajero. Sin el mensajero, el mensaje no podía ser transmitido. Uno aprendía más en silencio al lado suyo, que con 100 conferencias que impartiera por medios audiovisuales. A su lado desaparecían las preguntas….tan sólo un Silencio intangible pero real aparecía en mi conciencia de estudiante.

Pero el discípulo siempre mata la enseñanza del Maestro. Esto le ocurrió a Jesús el Cristo, que fue traicionado, y resultó incomprendido por todos los varones que se le acercaron. No fueron capaces de comprender la enseñanza del Maestro. Tan sólo dos mujeres: María, su madre, y María Magdalena, fueron sus verdaderas devotas, que nunca lo abandonaron, ni negaron ante la autoridad romana.

Cuando uno despierta a esta Conciencia-Cristo, transcurre por los mismos episodios que Jesús…pero dentro de su propio ámbito personal. Todo este drama se vive en la Conciencia, la cual experimenta las mismas vivencias que el jnani y Maestro Jesús.

Uno debe expulsar a los mercaderes del templo, los cuales son todos estos deseos inconscientes de la personalidad por “vender lo invendible”. Lo que es Intangible, no es valorado por el mundo, que sólo ansía comprar dentro del templo sagrado de la Conciencia.

El que les escribe conoce de primera mano esto que les narra. Si hubiera envuelto mi mensaje en promesas de realización, o adornado con resultados dentro del mundo conocido, hubiera sido acogido por muchos. Pero …lo siento…este mensaje es para los pocos.

Quizás hay un camino previo por recorrer. Algo en lo que apoyarse. Pero al no dar muletas y enfocar todo el peso de tu vida en tu propia responsabilidad, esto pueda haber asustado a muchos.

No puedo hacer concesiones a este mensaje. No puedo engañarte.

Unos me critican porque piensan que este despertar ocurre como resultado de un viaje largo. Y yo les digo que fue, simplemente, que ocurrió a pesar de haber acumulado muchas experiencias espirituales en este viaje.

Cada despertar es distinto. Como distinta es la experiencia individual aparente de la Conciencia encarnada. Para mí, te digo, fue más doloroso que para otros. Yo había acumulado muchas “experiencias místicas placenteras”. De lo doloroso es fácil separarse. De lo sublime…es mucho más complicado.

Mis compañeros de viaje me dieron de lado. Alguno que me encuentro no apoya este mensaje. Sólo el de su maestro. Y yo les digo que eso es correcto.

Sin embargo, ven a este mensajero como un disidente, un personaje lleno de vanidad y orgullo espiritual, que está lleno de intelectualismo y palabras huecas. Practican la política de hechos consumados. Arrastran un ayer que les impide ver claramente que esa persona que conocían, ya está muerta.

En este círculo sólo podrás encontrar rechazo y enemistad. Todos compiten por llevar la voz cantante, simulando haber llegado al final. Pero uno sabe que están equivocados y errados. Esta barrera invisible es el muro de la separación más alta que puedas encontrar. La cumbre del Himalaya es sólo un montón de arena delante del Ser.

Pero uno guarda silencio…y sigue su camino.

Sólo los seres más sensibles (y aquí quiero aclarar que el 99% son mujeres) están más despiertas a este mensaje.

También hay un ser muy despierto dentro del mundo de las redes sociales que ha atravesado por similares experiencias que el que les escribe.

Uno no tiene la exclusiva. Este Ser (al cual quiero nombrar más adelante, si me otorga su permiso) ha descubierto lo que es esta Conciencia a través de la pérdida de su trabajo.

Uno sólo necesita casa, comida y ropa para llevar una vida consciente y feliz. Todo lo demás es lujo. Hasta el denominado “camino espiritual” es lujo.

No es necesario. No quiero engañarles.

Es mi sentir más profundo. Para mí es igual “La Quinta Sinfonía de Beethoven” que el “rebuznar de un burro”. Tienen el mismo valor cuando te ha abandonado todo el peso del condicionamiento humano.

Para esta Conciencia, uno como persona no existe. Vive en el mundo, pero está muerto para el mundo.

Algunos me hablan de investigar, indagar, observar, meditar…bla,bla, bla, bla. Pero yo sé que no pueden más que analizar y criticar este mensaje.

La mente no puede encontrar este Silencio. La falta de ruido mental no es verdadero Silencio. Este Silencio está en primer plano cuando no te vives como persona.

Cuando te consideras un ser separado, no conoces el Silencio. Se puede escribir y debatir infinitamente sobre ello…pero yo sé que esto no está al alcance del individuo.

Este mensaje choca con todas las tradiciones. Tanto del yoga, como de todas las vías voluntaristas y progresivas que pregonan el esfuerzo y la práctica en sus enseñanzas.

Yo no tengo enseñanza. Lo mío es un mensaje.

Yo no puedo enseñarte lo que tú ya Eres.

En mi ciudad no encuentra cabida este tipo de comunicaciones. Todas las puertas de asociaciones de tipo espiritual, se cierran a este mensaje desconocido. Quieren enmarcarlo en sus propias tradiciones, filosofías, esquemas y glamourosas sugestiones. Pero este mensajero no hace concesiones. No puede decir aquello que no vive, siente y practica. Por eso, uno se encuentra como el pescador Jesús el Cristo tendiendo su red para pescar seres que se ahogan en el mar del Samsara…pero que no desean escuchar que existe un agua que es más pura, más cristalina, que la charca contaminada donde nadan.

Este Silencio, me incita a no seguir hablando…a pasar desapercibido y que sean otros los que asuman la tarea de transmitir con la palabra en este fraudulento mundo dual, aquello que capte cada Ser que anhela conocer de forma directa su Sí Mismo.

El que me busque me encontrará…pero ya no hablaré de lo que no pueda ser entendido. Puedes tomarte un café conmigo…y no te preocupes, solo charlaremos del tiempo, del fútbol, de política y de enfermedades. Si decides hablar de otra cosa…el café te costará 1000 euros…Es la única forma en que el ser humano valorará este conocimiento.

Un conocimiento que no tiene precio.

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Destino

Posted by on Ene 6, 2016 in Extractos | 0 comments

swami

Tú no puedes elegir,

aunque imagines que lo haces.

 

Naciste, eso crees,

y aun eso, no lo decidiste.

Morirás, eso crees,

y aun eso, no te tocará.

 

A pesar de que desempeñas

un rol en la sociedad

y piensas que esa fue tu elección,

te equivocas.

 

El Ser elige por tí.

 

Si eres médico,

tienes que sanarte y

sanar a tu familia de sangre.

Si eres abogado,

seguramente tus padres,

fueron injustamente tratados.

Si eres artista,

tu arte nació de la soledad

impuesta en la infancia

por falta de comunicación

o por herencia sensible de tus progenitores.

 

Cada día tu rostro

se parece más al de tus padres,

pero eso solo

afecta al físico,

ya que cuando destruyes

toda tu herencia psicológica,

entonces, y sólo entonces,

puedes observar tu Verdadero Rostro.

 

Entonces ya no existe

el destino para tí,

pues te has convertido en nadie.

 

Y eso, no deja huellas

que puedan dar contigo.

 

(Del libro “Vivencias en lo Intemporal, palabras dictadas desde la Nada”)

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Embriagado del Ser.

Posted by on Ene 5, 2016 in Extractos | 0 comments

Nunca suelo hablar de experiencias personales. En apariencia suelen parecer reales. Pero sé que forman parte de la ilusión de ser un individuo. Por eso soy renuente a nombrarme en primera persona.

La palabra justa es difícil encontrarla. En el territorio de la dualidad, donde sobrevive “el experimentar”, articular un mensaje coherente es imposible. Pero existe la palabra que ata, que encadena, y la palabra que libera.

Todos hemos venido a aprender a usar la palabra, tocar nuestra propia canción.

Este es un conocimiento enterrado por la sociedad, pero que sobrevive en el corazón del ser humano.

La palabra nunca puede describir con exactitud el hecho. Tan solo es una aproximación. Por eso, muchos gurús y maestros deciden no hablar. No porque sean mudos, ni hayan encontrado la manera de articular su enseñanza (la cual en el 90% de los casos sigue manteniendo el juego de la dualidad) sino porque se enfrentan al desagradable intercambio de malentendidos que suele provocar.

Pero absorber la enseñanza del Silencio, se torna muy difícil para los estudiantes occidentales, que suelen perderse en conceptos cocinados por sus propias mentes sobre este asunto. Sin mencionar los estados de Vacío aparentes que suelen engañar al practicante con una falsa ilusión de haber llegado a la meta.

Si hubiera una meta, un objetivo, éste no se plantea en el camino espiritual.

Existe un aprender continuo, que se renueva de momento a momento, y no algo estático, inamovible o aparentemente perdurable que se confunde con el concepto de Verdad o Realidad.

Ésta nunca puede ser experimentada por la parte, el ilusorio personaje.

Así y todo algunos pueden transmitir y asomarse a la ventana del Estado Real, para arrancar algunas palabras del perfume que desprende.


angelito con alas

Yo nunca supe lo que era un satori. Cuando apenas tenía 6 años y ya asomaba la nariz al mundo, ese sábado, temprano en la mañana, llovía como ocurre hoy.

Estaba solo, en ese parque al que había ido bastantes veces a jugar, a montarme en los columpios, siempre acompañado de amigos de mi barrio. Pero ese día, era muy temprano y me encontraba sin nadie, simplemente andando, como lo hace un niño curioso cuando explora sus propios límites.

Fue allí cuando parado, mirando la grandeza de aquellos árboles y flores (aunque fueran algunas diminutas), el tamaño de mi percepción se agrandó, envolviendo todo el paisaje.

Olí la lluvia fresca, que emergía del suelo y sentí la fuerza de la naturaleza. Los olores eran penetrantes y no dejaban sitio para el pensamiento, tan sólo para el asombro.

Podía escuchar al pájaro…y ese pájaro era yo, cantando el trino de la mañana. La lluvia era medicina para la tierra. Lluvia de oro. Era brillante, luminosa y bendecía todo el parque, limpiando el ambiente, purificando la atmósfera. Caía sobre mi cabeza y se sentía que trataba de despertarme de algo…no sabía…no podía describirlo.

La mente de este niño que era yo, estaba tan lejos. Como si de un satélite lejano al sol se tratara. El cuerpo estaba hueco, no había nada en su interior. Se había volatilizado.

Escuché a otros niños reír …y esa risa era la mía a través de su boca. Miraba la hierba y estaba cantando su feliz canción de silencio e inocencia, ausente de todo, sin preocupaciones.

Anduve, anduve…y me paré debajo de un pino enorme, para refugiarme de la lluvia. Y ese pino era una gran mano dispuesta por la Existencia para cuidar este cuerpo frágil de niño absorto en su propio deleite. El árbol me transmitió su estado de pureza, no contaminada…alejado de todo pensamiento humano…y parecía que siempre estuvo ahí, que nunca había sido plantado ni nunca sería cortado por la mano miserable de los hombres.

El Sol apareció de repente, en el momento oportuno. Y yo era ese Sol que me anunciaba a mí mismo, desde las nubes. Y aunque este sol siempre estuvo ahí…me escondía para dejar jugar a las nubes, a la lluvia y a aquel niño aparentemente frágil. Y el tamaño de ese Sol era yo, y la luz que desprendía era tan cálida que semejaba a una fina seda acariciando la piel de un niño recién nacido. Así me sentí yo…un recién nacido, observando un mundo que me maravilllaba y que era un milagro en sí mismo. Y este Sol estaba cuidando de todo, como una madre y un padre que vigilan, protegen y ofrecen lo mejor a su retoño.

 

Hoy, ahora, cuando te relato esto es porque esto se ha repetido. Aunque repetido no es exacto, porque siempre es algo nuevo.
Y otra vez fui niño. Niño sorprendido ante este maravilloso mundo. Y por eso, lo comparto hoy contigo.

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