Uno nunca está solo

octubre 1, 2015 0 Por Yesod

Hoy he tenido el placer de asistir al evento que organicé como fundador del grupo de Amigos del Vedanta Advaita en Badajoz.

Uno tiene siempre en mente lo que le toca hacer en cada instante de momento en momento.

Vivir así, es plenamente dichoso, pues uno se siente feliz no porque se vea involucrado en causas justas o elevadas, las cuales son conceptualizaciones de la mente, sino porque la Conciencia se siente sumamente satisfecha con este puro hacer, que no busca recompensas, ni palmaditas en la espalda, ni tampoco el aplauso ajeno.

Uno se observa y se da cuenta de que tampoco huye de los problemas refugiándose en actividades frenéticas y encadenadas que dejan vacío y exhausto el organismo físico y la mente del individuo. Esta Conciencia es plenamente dichosa con quien le sirve como vehículo de su mensaje. No el mensaje de un profeta, ni de alguien que se sienta especial, sino de cualquiera que esté disponible para mostrarse en su expresión más genuina.

Aunque al evento sólo asistió el que le escribe, él no notó ningún desánimo ni contrariedad en su interior…y como entró, marchó del lugar para dar un paseo por el radiante puente, con su hermoso rio, sus patos salvajes tan llenos de vida y ese color en el cielo que dejaba mechones de distintos colores en gamas amplias de blanco, gris y rosado.

Uno nunca está solo…

El sol es como un pequeño faro de luz a media tarde en esta ciudad, y el aire, que ya huele a otoño, refresca la cara del hombre imbuido en sus quehaceres diarios, más preocupado en su propia supervivencia, que es una muerte lenta, que en la profundidad de la vida que alcanza todo lo que le rodea. El que les habla se sentía enorme, feliz, más allá de las circunstancias, abierto y lleno de energía.

Esta energía no deja el cuerpo agitado, sino que es un zumbido constante de paz y amor expansivo, no creada por la mente personal, sino que no tiene origen, ni por tanto, final.

Él era minúsculo si se le compara con esta inmensidad de Conciencia siempre presente, pero el hombre común, con sus diferentes rostros, sólo refleja pesadumbre, inquietud y aislamiento.

Ellos se consideran islas en un mar siempre agitado y así la comunicación y la comunión de sentimientos se tornan imposibles. La gota tiene siempre miedo del océano, pero el mar nunca se altera porque se derrame una gota de lluvia.

Caminé y caminé y no había cansancio, ni pesadumbre, y el tiempo se quedó congelado en las agujas del reloj, porque no existía medida que contuviese este movimiento silente.

Aunque no fue nadie al evento, el silencio llenó todo, y con el silencio descubrí que era completo y que aunque ocurriera el mayor de los desastres, nada cambiaría ni una coma del guión de mis actos y de la dicha que nunca me abandona.

Observé y observé a mí mismo, que en realidad es el mundo, y supe que nunca estuve solo.


Lectura recomendada:

Jan Kersschot explica, con un lenguaje simple y claro, cómo ir más allá de la necesidad de conceptos y sistemas de creencias. Ya sabes todo lo que necesitas saber. Tu verdadera naturaleza es lo que ya eres, de modo que no puede ser encontrada. Las palabras y experiencias son indicadores útiles, pero tu verdadero espejo espiritual es la “seidad”, el simple hecho de ser lo que eres. Aunque todos somos capaces de verla en cualquier momento, la mayoría de nosotros la pasamos por alto. Ahora mismo, tal como eres, todo es exactamente como tiene que ser. El libro de Jan te invita a reconocer este simple mensaje. Lo directo de esta visión se aclara progresivamente en las conversaciones que mantiene con algunos profesores espirituales (como Eckhart Tolle, autor de EL PODER DEL AHORA). Al reconocer en los diálogos el núcleo de esta visión, se hace evidente que no tienes que buscar en ninguna parte, y que todos tus intentos de alcanzar la iluminación sólo confirma tu sentido de separación. Olvida tus ambiciones espirituales y, simplemente, observa lo que es.

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