Una puerta siempre abierta

octubre 8, 2015 0 Por Yesod

Puerta abiertaMira ahora en tu interior.

Con seguridad, si eres honesto, te sientes insatisfecho.

Insatisfecho quizás con tu trabajo.

Insatisfecho quizás con tu pareja.

Insatisfecho quizás con tu estilo de vida. Insatisfecho con tus padres o hermanos.

Insatisfecho con tu cuerpo.

Este sentimiento de incompletitud es ciertamente muy real para tí.

Sin duda, eres una presa fácil para los otros.

 


Tu debilidad es percibida por los demás.

Ellos también se sienten inadecuados, al igual que tú.

Necesitas esconder estos sentimientos.

Sientes vergüenza.

La vergüenza te hace temeroso.

Temor de tí y también de los demás.

Una palabra desagradable origina una tormenta de repulsión y desdicha en tu interior.

Aferrado a la idea de no ser herido, te proteges.

Proteges tu imagen desvalida.

Los otros hacen lo mismo.

Repiten el mismo guión.

Justificas tus actos en nombre de tu propia dignidad agredida.

Alguien te hizo daño.

Ya no lo recuerdas.

Pero tu mente actualiza esta herida en el momento presente.

Si pudieras ver tu interior, observarías que estás sangrando.

Hay una hemorragia no visible para los demás, pero muy cierta para tí.

Quizás te consuela observar que los demás también sufren.

Pero eso no te ayuda ciertamente. Nadie de tu entorno puede ayudarte.

Estás enfermo, aunque no lo reconozcas en público.

Este condicionamiento te “violó” cuando eras un niño.

Ya ni siquiera recuerdas cuando te abandonó esa alegría infantil.

Esa curiosidad inagotable.

El muro, posiblemente, que te aísla se cerró pronto.

Olvidaste la puerta de entrada.

Inadvertidamente arrojaste la llave.

Y ahora no la encuentras.

Todavía quizás culpas a tus padres, a tus profesores y a tu primera novia de este amargo destino.

La culpa te libera, aparentemente, de tu responsabilidad.

Por eso, buscas en otros ojos, alguna salida.

Pero no la encuentras.

El camino está hecho de malezas y obstáculos insalvables.

En algún momento, de gran soledad, quizás te abandonaste al alcohol, la televisión, el juego o las relaciones sexuales.

Una anestesia temporal contra tu profundo dolor.

Si tienes salud, pudiste buscar salida en muchas otras actividades que denominas constructivas.

Haces deporte, perteneces a un club de fútbol, alguna asociación de defensa de derechos civiles o simplemente matas el tiempo con tus amig@s charlando horas y horas.

Pero cuando regresas a casa, te sientes agotado, exhausto.

Y así no piensas.

No sientes.

La rutina al día siguiente te hastía.

Levantarte a la misma hora.

Trabajar, trabajar, trabajar.

Los compañeros te saludan.

Tú sonríes, pero en el fondo, estás triste.

No sabes qué vas a hacer.

En algún momento, cuando eras más joven, pensabas en cambiar el mundo.

Un buen trabajo. Viajar. Disfrutar con tus seres queridos.

Y ser feliz.

Tenías el guión perfecto.

Pero también la muerte aparece a tu alrededor.

Un amigo, tus padres, algún conocido…ya no está aquí.

Tu vida se presenta en blanco y negro.

Más negro que blanco.

Un día bueno…los siguientes malos.

Tu ánimo fluctúa como una veleta al viento.

Ya no te dominas.

Pierdes cada vez los estribos con mayor facilidad.

Y los años pasan.

El cambio no se produce.

Estás pensando en que algún día todo será mejor.

Pero eso no sucede.

Deseas cambiar el entorno.

Esa idea aparentemente altruista de una mejor vida para todos los que conviven contigo.

Este guión vital está profundamente grabado en la mayoría de los seres humanos.

Si pudieras darte cuenta de cómo se originó, sin enjuiciarlo, al menos tendrías la oportunidad de salirte del programa.

Al ver el hecho de la separación de tu estado original, sin emitir ninguna opinión, solo verlo, esa imagen te daría una pista de oro.

El apego a esta imagen-sensación es muy profunda.

Es lo que siempre “has pensado” que eres.

Pero puedes estar equivocado.

Esto es una verdad indirecta.

Tu nombre y tus cualidades son heredados del entorno.

Tu cuerpo es una residencia temporal.

Un alquiler con periodo de caducidad.

Al estar enfocado 24 horas al día en este recuerdo que otros te impusieron, no te diste cuenta del engaño.

Pero ahora estás a tiempo.

Ahora.

No mañana.

En este momento.

Si tienes el valor suficiente para abandonar todo el apego a esta inútil imagen que te tiraniza.

Sí, vives en una dictadura del pensamiento.

Alimentado por la memoria. Una memoria inútil que te boicotea constantemente.

Cuando tengas presente este ultimátum que te presento, entonces estarás preparado.

Preparado para dar el salto.

No hacia el precipicio, sino hacia Tí Mismo.

El miedo está permitido.

Luego te visitará el placer, haciéndote cosquillas en tu estómago.

Y después de eso…tú mismo lo descubrirás. Eso no es posible transmitirlo con palabras.

Sólo puedo decirte que tu locura se divorciará de tí.

Y una gran risa brotará en tu interior…no se sabe de dónde viene.

La llave nunca se ha perdido.

La puerta estuvo constantemente abierta.

Ahora te toca disfrutar de la libertad que nunca te abandonó.

La única elección real que tuviste siempre.

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