Un corazón tranquilo

Vivir libre del miedo.

Vivir libre del miedo, la ansiedad y las preocupaciones no parecen tareas fáciles para el ser humano. Vivimos contraídos, asustados, aislados en un universo personal de conflictos y tensiones externas. 

Queremos la paz y ni siquiera nos aguantamos a nosotros mismos cuando estamos en soledad.

Este “yo” que creemos ser, nos mantiene en una actividad incesante durante nuestro estado de vigilia. Tan sólo para colmar nuestras necesidades físicas, psicológicas y de relación.

De esta manera, la vida se convierte en un incesante carrusel de acontecimientos, muchas veces impredecibles, donde nos sentimos arrastrados a actuar según un modelo de comportamiento.

No tenemos tiempo para estar con nosotros mismos en plena soledad, sin el coloquio incesante de nuestra propia canción psicológica. No sabemos o no hemos aprendido a vivir en una relación con los demás sin filtros estereotipados, sin papeles o máscaras, que aparentemente nos protegen de los demás, pero que a la vez nos aíslan de todo lo que nos rodea. En esta situación, toda comunicación es imposible. Se impone el “autismo del individuo”, carente de sensibilidad, que busca evitar el dolor y buscar obsesivamente el propio placer. Darse cuenta de este estado de cosas, es un síntoma de salud.

Nuestro mundo actual.

Vemos cómo los países se destruyen unos a otros. La cerilla de la violencia, arrasa el bosque del bienestar acumulado durante decenios. En menos de cinco segundos, la situación se desborda, aniquilando gente inocente que están exentas de responsabilidad criminal o delictiva. En nombre de la denominada democracia, son explotados y saqueados pueblos de distintas nacionalidades, presas de la ambición de unos cuantos despiadados y miserables grupos de poder económico. El hombre agredido que perdió a su familia, abraza y desvirtúa el mensaje de las religiones universales, para consagrar su venganza, larvada durante tantos años.

Uno se pregunta entonces, cuánto tiempo durará esta locura de muertes y terror.

Y no encuentra respuesta.

Quizás sea algo impuesto en la condición humana, que tan sólo esta sangría puede rebajar el nivel de egoísmo acumulado durante siglos.

Este planeta no conoce la paz. No sólo la paz del intermedio entre dos guerras, sino la paz de un corazón tranquilo, que esté más allá de las circunstancias del entorno. Este “yo” ha dividido el mundo en naciones, razas, religiones, ideologías, filosofías, creando y sembrando la desconfianza y el temor entre seres humanos, alejados por sus distintas costumbres, modos de vida e idiomas.

La palabra ha dividido al individuo, del cual sólo quedan rastros de miseria e iniquidad. Es la torre de Babel de nuestros tiempos, donde se ha perdido la perspectiva global de un mundo en el que todos habitamos.

El político ha tomado la responsabilidad del pueblo. Pero éste se ha vendido anteriormente a la ambición y el enriquecimiento proporcionado por los poderes económicos ocultos. Éste no conoce las devastadoras consecuencia de sus actos, adormecido entre sus objetos de placer, distraído por su opulencia e insensibilidad hacia los más desfavorecidos. Su vida es un antiejemplo, guión vital a no seguir.

Estos grandes hierofantes de la escena comunicativa han pervertido el lenguaje con sus actos violentos, pregonando la igualdad y la solidaridad, y retirado su mano diariamente al hombre desvalido y sin futuro. Este divorcio entre su palabra y sus actos, es el signo de nuestros tiempos, donde no se respeta la esencia de la realidad última del ser humano.

Tomar parte en sus exquisitos modos de presentarnos nuestra obligación de apoyarlos, es una forma de suicidio colectivo.

En cierta forma, retratan nuestra propia enfermedad, inevitable degradación de nuestros principios más elementales.

Es la corrupción del alma humana la que está en juego. No la de un sólo individuo, sino la de toda la humanidad, que destila la peste de un pensamiento que ha abocado al hombre a su declive espiritual.

En este panorama tan desolador, nadie será salvado por otro alguien.

Esa esperanza ha matado a muchos seres humanos, que exterminan a otros en nombre de un paraíso futuro, un edén diseñado sólo para mártires de ideologías fanáticas. La denominada esperanza del hombre común y corriente (que no es distinta a la del creyente), depositada en una ideología política no deja de ser igual. Pura especulación mental, producto del adoctrinamiento residual de la colectividad, dividida en facciones que enarbolan un slogan en contra de otros.

Es la ley del péndulo que no encuentra nada más que parcheos a las situaciones reales de conflictos entre individuos.

¿Existe alguna salida?

Si existe una salida, ésta debe ser comprendida más allá de las estrecheces de una mente adoctrinada en el simple bienestar de unos pocos.

Debe ser justa para todo individuo.

Pero no puede ser vista como tal por el individuo.

Él vive sumergido dentro del conflicto onírico autocreado por su propia mente conflictiva. Él es parte del conflicto y como parte no puede ver toda la situación, tan compleja y profunda.

Debe por tanto sumergirse en las raíces de este conflicto separativo, en este rompecabezas o crisol de imágenes impuestas en su condicionamiento. Investigar la realidad o sustancia de estas creencias que le aprisionan y amarran al sufrimiento sin tregua. Bucear en esta Conciencia que es la Conciencia de toda la humanidad no es algo sólo para los pocos, pero sí para aquel/lla que ha decidido vivir/se sin conflictos.

Representa un salto cuántico, un despegue de todo lo heredado como ciudadanos de un determinado país, religión o nacionalidad.

En cierto sentido, él tiene que ir más allá de la palabra, más allá de sí mismo, del pensamiento rutinario, para descubrir si existe algo que pueda ser denominado como puro, no manchado por la codicia del hombre.

Es entonces, cuando puede acontecer una nueva religión, sin discípulos, ni ideología.

Es la huella del hombre nuevo, renacido en las aguas cristalinas del manantial de la Paz, la Unidad y la Belleza, donde el único combate posible es contra la tiranía y la dictadura del pensamiento fraccionario, divisivo y limitante del individuo.

Un corazón nacido de este descubrimiento, se vuelve así un espejo nítido, donde el mundo onírico pierde su poder hipnótico sobre la mente egoísta. Y libre de sí mismo, encuentra altura y se pierde en la inmensidad inabarcable de una Paz real, nunca soñada, pero siempre presente allá donde Él pisa.

Un corazón tranquilo...

(- Foto cedida por Gerardo Salas Laferriere - )