Tantra y espiritualidad

octubre 4, 2015 0 Por Yesod

Este artículo surge a través de una corriente de comentarios que he mantenido con mi amigo Carlos A. Sánchez, del grupo “Conciencia es Vida….Shanga” en Facebook (aquí podeis ver el hilo). Gracias, Carlos.

Hablar de tantrismo es hablar de un camino que preconiza la vía de la sublimación a través del encuentro sexual entre hombres y mujeres. Es el camino del individuo que vive en pareja y que desea cruzar el mar del Samsara implicándose plena y totalmente en las actividades del mundo, como posibilidad de explorar la naturaleza de la materia y la mente. Al ser este un entrenamiento con las fuerzas sexuales más básicas, no deja de ser un trampolín, un medio para explorar la naturaleza última del ser humano. Sexo y nacimiento son cuestiones que deben ser investigadas con cautela, pues dentro de la conciencia del ser humano el deseo sexual es la fuerza más poderosa que existe. Todas las actividades egoicas nacen del deseo vital por vivir y permanecer. De ello, se encarga esta Conciencia que ama continuar por encima de la vida de un individuo en particular.

En el fondo, es decir, en esencia, este programa nativo es como un software dispuesto en nuestros genes, que anhela perpetuarse alimentado por la idea de poseer una forma humana polarizada en machos y hembras.

La vía del Tantra, es un camino unificador de estas dos fuerzas primarias, un yoga de fusión de las energías masculinas y femeninas, que poseen diferente carga potencial y se buscan para realizar el coito. Se habla mucho del coito sagrado, del Maithuna, de la meditación unificada dentro del acto sexual. Pero para el que escribe, todo esto son meros conceptos que intentan guiar, más bien desviar, al ser humano del verdadero centro de interés que subyace en el fondo de esta cuestión. Y que es la investigación profunda en la naturaleza de esta Conciencia.

Se habla de práctica sexual, pero ¿quién practica con quién?

Todo esto nace de la creencia errónea de incompletitud, del estado identificativo de esta Conciencia que abraza inadvertidamente al cuerpo y los conceptos “espiritualizados” transmitidos por determinados gurús. Si existe un Tantra, éste debe ser descubierto de forma genuina por el individuo, y por tanto, no se trataría del Tantra que enseñó cierto maestro tibetano o cierto gurú hindú, o incluso, el mayor libro sagrado que se hubiera escrito sobre el tema.

Quien sigue esta vía, generalmente, no está exento del equipaje de conceptos, prácticas, rituales y mantralizaciones que matan el verdadero significado esencial del Tantra, que es la vida espontánea que como rio fluye y nos lleva a cualquier parte, sin saber destino ni dirección, vacío de equipaje conceptual y de expectativas futuras.

Entrar en aspectos más concretos sobre si el Tantra es individual o simplemente es condición sine quanun practicarlo en pareja, no tiene sentido para el que les escribe, pues parte de la idea de separación, ilusoria, ya de partida, que acrecienta la creencia de ser una persona.

El verdadero Tantra debe abarcarlo todo, debe ser un acto holístico, no simplemente reducirlo puerilmente al encuentro sexual, lo cual indica una mentalidad inmadura y claramente sesgada.

Tantra practicado como sexo en pareja o como meditación individual, no deja de ser claramente una zanahoria puesta en la cabeza del individuo para no ser mordida jamás. Matar el deseo sexual es un imposible. Sublimarlo es un concepto.

Vivir y experimentarlo es la única vía para el individuo real que vive de hechos, no de agradables filosofías u opiniones acreditadas de otros maestros.

¿Qué necesidad hay de matar aquello que es transitorio e ilusorio?

Todo esto surge de la idea de ser un yo separado, que busca alimentado por el condicionamiento humano, eliminar el sufrimiento que produce el placer implícito en el acto sexual.

Uno se pregunta entonces si la química del individuo le ata inevitablemente a cometer determinadas conductas o si uno puede estar por encima de ellas.

Para el que les escribe, esto es intrascendente, tanto una opción como la otra, le encandenan a continuar creyendo que sigue siendo un individuo, con nombre y forma, supeditado o no a su propia química.

¿Qué necesidad hay de renunciar o de transcender esta química?

Uno debe experimentarla plena y totalmente para darse cuenta de que se agota en sí misma, para entonces descubrir que cuando esto se hace, no deja huellas ni residuos en la memoria. Esto le abre la puerta a descubrirse realmente no necesitado, no dependiente, aunque en su vida de relaciones diaria pueda practicar o no el sexo, el cual tiene un sabor totalmente distinto a cuando se realiza única y exclusivamente para satisfacer o sublimar una química que no nos pertenece. ¿O pudiste elegirla tú, querido lector?

El que les escribe ha pasado por todo tipo de experiencias orgásmicas tanto en pareja como en solitario, abrazado a los árboles, algunas de ellas duraban toda la noche, perdiendo la conciencia de cuerpo, con estados cercanos a la muerte (que no era otra cosa que la desaparición del yo), estados expandidos de conciencia con éxtasis llenos de dicha inenarrable que duraban semanas y permanecían en estado de vigilia. Pero ellos desaparecen y dejan a uno con el deseo de ser nuevamente repetidos. Esto ocurre porque no aplicamos el discernimiento y esperamos un placer duradero y continuo en nuestras vidas.

Pero existe un estado mucho más completo, que en realidad es un no estado, pues es sólido y permanente. Es sahaja samadhi, el estado natural, en el que estas percepciones no son deseadas. Hay un giro de 180 grados, dándose un alineamiento natural del cuerpo y la mente con el Todo, un encaje espontáneo que no puede hacerlo la persona, sino que sucede a pesar de la persona. Ésta lucha hasta el final por permanecer sujeta a conceptualizaciones y hábitos de comportamiento, a pesar de que anhele o sienta una afinidad mental o emocional con las enseñanzas del despertar o liberación.

Aquí, en este espacio neutro, la ansiedad y el miedo desaparecen, y por tanto, el tiempo psicológico se detiene, anclándote irremediablemente en el presente. Entonces esta Conciencia te toma por completo y te dirige, y no te permite juicios de valor, ni expectativas, ni gratificaciones a través de otros. Es la destrucción total del ego, de tu biografía. Es una discontinuidad en el espacio-tiempo que te sumerge en una corriente de fluir espontáneo, como la hoja seca del otoño arrastrada por el viento.

Éste es el “Tantra de la Conciencia”, el matrimonio perfecto… donde el pensamiento ya no interfiere con las actividades del cuerpo, que alcanza un estado de no-tensión natural, imposible para la persona, sólo posible para el que ha muerto a la ilusión conceptual.

Y no existe propósito en esto.

Simplemente …sucede.

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