El viaje

Emprender un viaje es una aventura. Uno sabe que se va, pero no sabe si llegará a su destino.

El mundo es tan impredecible, con sus múltiples factores, que el hombre cree dominar. Una causa lleva un efecto, dicen las voces de los científicos con su limitado intelecto y sus explicaciones lógicas.

El erudito e incluso el estudiante espiritual se atreve a nombrarlo de forma diferentes: la ley del dharma y el karma. Uno sabe de primera mano la ineficacia de argumentar la Vida y sus relaciones, que escapan al control del pensamiento.
Esta mañana emprendimos un trayecto. Uno conoce el origen y por tanto el destino.

El primer paso es el último paso.

Adentrarse en el camino espiritual es idéntico.

No hay carreteras hacia el cielo.

Si te guías por esta Conciencia, no te desviarás de tu ruta. No había nadie conduciendo, y por tanto, no podía haber accidentes. Uno miraba el cuerpo y estaba allí pilotando el auto, pero este vehículo se conducía sólo. Tiene su propia inteligencia y uno se siente guiado por algo que le sobrepasa…algo enorme, mucho más grande que el paisaje que veíamos a nuestro alrededor.

Conducir con atención, simple atención, no con atención a algo en concreto, abre el abanico perceptual del momento. No había una atención concreta, focalizada en alguna parte de aquella carretera, ni siquiera a las señales plantadas a su paso. Ni incluso a los coches conducidos por otras personas. Todo era un fluir del momento. No había conductor, no había nadie. Tan sólo conducir.

Es pasmoso este estado de no hacer nada, pues Él se encargaba de guiarlo a uno, de llegar sano y salvo a su destino. Las señales del camino no le despistaban. Eran señales construidas por el hombre.

Esta carretera la transita todo el mundo. Uno se sentía más inclinado a desviarse a conducir por el sendero solitario, que es en realidad el camino más corto. El que no deja huellas. Pero este era para los pocos.

Este sendero no deja huellas y nadie puede seguirlo. Es el sendero del que holla con sus pasos el propio sendero. Pero esta Conciencia es tan compasiva que no permitió al conductor desviarse del camino que transitaba el hombre práctico.

La mente, el soñador y el espacio atemporal

Si observas tu mente con paciencia, podrás descubrir que nunca se detiene. Esa es la naturaleza de la mente. Es un programa de software implantado por la propia naturaleza.

Y no hace falta pararla.

Debido a tu química corporal, tu mente empezó a funcionar y a albergar determinados pensamientos. Otros no le son familiares. Están disponibles dentro de la Conciencia Universal. Pero no los atraes. Pertenecen al condicionamiento heredado durante milenios desde la aparición del ser humano en el mundo.

Unos individuos tienen una mente rápida, otros muchos una mente más lenta. La velocidad del pensamiento depende de tu química corporal. Esta es una fotografía tomada justo en el momento de germinación dentro del útero de tu madre. No depende de tus padres el perfil energético de este momento de creación. Simplemente ocurre. Nadie programa traer hijos, el sábado, 14 de enero de cualquier año, a las 2,03 horas.

Es algo natural y espontáneo.

Con todo esto, te quiero mostrar que tu química no depende de nadie ni de nada en concreto. Esto es algo no mecánico.

Sin embargo, aunque no han podido elegir siquiera su propia química, puedes darte cuenta como la mayoría de las personas se sienten “propietarias” de sus mentes. Incluso de sus propios pensamientos.

Curioso, ¿verdad?

Si investigas un poco más, tomará conciencia de que es el apego a determinados grupos de pensamientos, lo que produce el sufrimiento aparente del individuo. No la naturaleza de la mente.

Ahora, si lo observas detenidamente, tomarás en cuenta que existen espacios vacíos de pensamiento. Un pensamiento entra, y cuando finaliza su presentación, entra otro en escena. El individuo sano funciona de esta manera.

Cuanto más se repiten determinados pensamientos, más enfermiza se vuelve la personalidad. La mente es como un río fluyendo del manantial de la Conciencia. Pero si el río repite el mismo pensamiento uno y otra vez, aquel se atasca en la pantalla de la mente. El agua se estanca. El cuerpo se resiente. Y aparece el desequilibrio psíquico y físico. Llegados a este punto, observa si tus actividades diarias son repetitivas, pues te darán una pista del sometimiento que estás padeciendo debido a la tiranía de la mente.

Hacia un despertar espontáneo

“Vaya por delante todos mis respetos y admiración por y para cualquier profesional de la sanación, física, psíquica o espiritual por la labor que desarrollan. El que les escribe simplemente expone los hechos de su sentir, de su diario vivir y de cómo “experimenta” las relaciones humanas.

Aquello que aquí escribo no va en contra de ninguna persona en particular, ni escuela, ni método, ya que el que escribe no tiene enemigos, no alimenta ni se vive como persona. Estos profesionales y sus enseñanzas hacen su labor, cohesionar e intentar unir las partes fragmentadas del psiquismo, consiguiendo sus propios resultados, que pueden servir de ayuda a aquellos que se viven inconscientemente y desean mejoras temporales y funcionales en su vida cotidiana.

Al no percibirse como persona, también observa como solo ruido mental cualquier ideología, filosofía o camino, por bella y romántica que sea, cualquier vía terapeútica que promete en el transcurso del tiempo la liberación del sufrimiento. Tampoco es un mensaje al uso, simplemente es un indicador de algo que es impersonal, no asumible por el individuo, pero no por ello inexplicable o imposible.

Asimismo, este mensaje no tiene opuestos, no busca la polémica, ni las discusiones intelectuales, ni las opiniones personales, sino que es expuesto para ser simplemente escuchado, sin intención de nada más.

Si tiene eco en tí aún tienes la posibilidad de integrarlo. Si no tiene eco en tí, simplemente, no sigas leyendo y tíralo a la papelera de reciclaje. No estás obligado a nada. La Conciencia Que Somos, permite todo este juego. Es Tu Juego. Tú Decides cómo Vivirlo.”

Una puerta siempre abierta

Puerta abiertaMira ahora en tu interior.

Con seguridad, si eres honesto, te sientes insatisfecho.

Insatisfecho quizás con tu trabajo.

Insatisfecho quizás con tu pareja.

Insatisfecho quizás con tu estilo de vida. Insatisfecho con tus padres o hermanos.

Insatisfecho con tu cuerpo.

Este sentimiento de incompletitud es ciertamente muy real para tí.

Sin duda, eres una presa fácil para los otros.

 


Tu debilidad es percibida por los demás.

Ellos también se sienten inadecuados, al igual que tú.

Necesitas esconder estos sentimientos.

Sientes vergüenza.

La vergüenza te hace temeroso.

Temor de tí y también de los demás.

Una palabra desagradable origina una tormenta de repulsión y desdicha en tu interior.

Aferrado a la idea de no ser herido, te proteges.

Proteges tu imagen desvalida.

Los otros hacen lo mismo.

Repiten el mismo guión.

Justificas tus actos en nombre de tu propia dignidad agredida.