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No dualidad, Yesod
¿Quién Soy Yo?Aspectos prácticos del Vedanta Advaita.

No dualidad

Sobre el engaño espiritual


EngañoAyer ciertamente me escribe un mensaje por Facebook cierta persona X que no conozco y que aprovechando su anonimato me expresa con cierta sinceridad1 (cuestión de la que hablaré más adelante) su opinión sobre un escrito titulado “La canción de los pinos”, mostrándome que mi estilo era una simple copia de cierto autor advaita y que le sorprendía además mi nueva actitud al pensar que “me estaba subiendo al carro del advaita”, donde al parecer según ella desembarcaban todo tipo de personajes que no aportan nada nuevo y son simplemente aprovechados de esta corriente filosófica.

¿Anonimato?

Ella decía conocerme del barrio, pues yo suelo pasear mis perros al parque donde compartimos conversaciones, saludos o simplemente disfrutamos acompañados o no de nuestras mascotas.

Para el que escribe, la naturaleza es por antonomasia el lugar sagrado donde ningún templo construido por el hombre puede llegar a hacerle sentir en comunión con la Esencia.

Emana una belleza imperceptible para el hombre sofocado por sus actividades cotidianas, pero real para el que observa con el corazón despierto.

No solo inspira la verdadera creatividad, sino que es creatividad en estado puro manifiesta.

Al comentario que me hacía, yo le respondí que si mi estilo se pareciera a algún escritor advaita, eso se basaría en la comparación que su mente tan personal interpreta, pues el que escribe, no encuentra mejor recurso para la escritura en temas impersonales como la Belleza, que utilizar la tercera persona del singular o la primera persona del plural, pues en este caso, iba acompañado de alguien más, cuestión que mi querida comentarista desconocía.

Caer en el juego de palabras…

Cuando se utiliza el “yo” en un tema donde el mensaje demanda cierta amplitud de miras, uno no llega a transmitir la verdadera esencia de la experiencia unificadora. Vaya esto por delante para aclarar y también admitir que la escritura como tal (ya lo comentaba en mi artículo en Facebook y en mi blog) presenta ciertas dificultades y limitaciones, tanto para el que escribe, como para el que la lee. Nunca la experiencia puede alcanzar a expresar totalmente el hecho experiencial, y menos aún cuando se trata de una no-experiencia. Allí las palabras no llegan…solo apuntan a algo, son indicadores de algo que no está al alcance del individuo como persona.

Ella sólo me conocía esta faceta de ciudadano, de hombre de barrio, que pasea a sus perritos y mantiene conversaciones, a veces triviales, otras veces más íntimas con otros vecinos, a su vez, dueños de perros. En el fondo, la persona sólo es conocida por las imágenes que deja en su memoria otra aparente persona. Así, las relaciones son superficiales y terminan por encasillar al otro. Pero cuando el personaje se aparta de la imagen inicial de su “conocido/a”, entonces, el pensamiento se rebela, tomando parte en una cruzada de opiniones teñidas de prejuicios, proyectadas por anteriores experiencias comparativas que intentan devolverle la seguridad perdida.

Esta conocida no presenta su rostro en público en Facebook, pero se escuda en un invisible perfil para “tirar la piedra y esconder la mano”, aunque hay que agradecerle que esto fuera sólo un mensaje privado, lo cual, denota cierta sensibilidad social y aprecio personal. No obstante, cuán fácil nos parece desde nuestro cómodo sillón opinar sobre los demás, sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre lo falso y lo verdadero, y no investigar en nosotros mismos lo que apunta el mensaje advaita, no del que escribe, sino el mensaje.

¿Qué implicaciones están de fondo?

Están implícitos varios asuntos que he tratado en el escrito anterior de mi blog. Uno de ellos es la frustración para encontrar salida a nuestro sufrimiento, haciendo responsable a los maestros advaitas de no mostrar, de reservarse, ciertas indicaciones o preparados mágicos que sólo administran a aquellos que previamente pasan por taquilla. Nada más lejos de la realidad.

El que escribe, no necesita, de momento, estas prebendas, ni examinando él mismo su propia vida, se sintió necesitado de adoptar actitudes mercantilistas en temas de índole espiritual. Aunque todo el mundo necesita del dinero para poder sobrevivir, pero no es esta actividad, precisamente, la que le nutre diariamente su cuenta corriente.

Otra cuestión implícita, es también el tema de la autoridad, con todas sus ramas, como la dependencia, la comparación, la injusticia, la crítica…todo ello basadas en el miedo, que no es más que una energía de aislamiento y separación del individuo aparente. Cuando buscamos una autoridad externa en los maestros advaitas, estamos dando toda la responsabilidad del posible cambio a alguien que no somos nosotros. Si se comprendiera realmente el mensaje, el individuo desaparecería, se vendría abajo todo su andamiaje de conceptos.

Seguir esta vía de autoindagación es un camino que termina en la Nada.

No es para mentes tibias, sino para aquel que desea terminar el juego de interminables preguntas y el imaginario sufrimiento de su limitada experiencia biográfica.

Nadie a quien seguir…

El verdadero maestro advaita no tiene discípulos, ni seguidores.

Él desea compartir su mensaje, no porque le pertenezca, sino porque le nace del corazón, es una canción que canta antes de que desaparezca de este plano relativo, una pasión que nace del descubrimiento espontáneo de su propio Ser (al menos eso parece en apariencia) y que no puede ser callado ya que es su naturaleza ser compartido (a pesar de la posible resistencia de la vieja personalidad), aunque este mensaje sea intentado destruir, sobre todo, en su entorno más cercano.

Le remití a mi artículo enlazado en el mensaje de contestación “Qué no es Advaita” para que indagara en este tema.

Mi querida “amiga” termina su mensaje agradeciendo también otro de los escritos de mi blog titulado “Tantra y espiritualidad”, donde me hace ver, según su opinión, mi originalidad en su transmisión por este medio. Para el que escribe, esto no es un panel de audiencias donde lo que agrada o desagrada le influye, uno no se siente mejor ni menos desanimado por los elogios o las críticas, sino que observa esta energía como algo que está permitido por la Conciencia que Tú Eres y Somos Todos, y que desemboca en un corazón silencioso de Amor y Profundo Respeto por la diversidad-unicidad que compartimos.

Con todo mi cariño y aprecio.

Nota final 1  .– La verdadera sinceridad ocurre cuando uno se mira en el espejo del Ser y abraza lo verdadero, desechando todo lo irreal. Sólo entonces, lo que expresa, lo que siente y lo que hace tienen un impacto en todo lo manifestado. Es la Totalidad expresándose a Sí Misma a través de lo particular.

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