La senda del corazón

Vivir libre del miedo, la ansiedad y las preocupaciones no parecen tareas fáciles para el ser humano.

Vivimos contraídos, asustados, aislados en un universo personal de conflictos y tensiones externas.

Queremos la paz y ni siquiera nos aguantamos a nosotros mismos cuando estamos en soledad.

Este “yo” que creemos ser, nos mantiene en una actividad incesante durante nuestro estado de vigilia. Tan sólo para colmar nuestras necesidades físicas, psicológicas y de relación.

De esta manera, la vida se convierte en un incesante carrusel de acontecimientos, muchas veces impredecibles, donde nos sentimos arrastrados a actuar según un modelo de comportamiento.

No tenemos tiempo para estar con nosotros mismos en plena soledad, sin el coloquio incesante de nuestra propia canción psicológica. No sabemos o no hemos aprendido a vivir en una relación con los demás sin filtros estereotipados, sin papeles o máscaras, que aparentemente nos protegen de los demás, pero que a la vez nos aíslan de todo lo que nos rodea.

En esta situación, toda comunicación es imposible.

Se impone el “autismo del individuo”, carente de sensibilidad, que busca evitar el dolor y buscar obsesivamente el propio placer.

Darse cuenta de este estado de cosas, es un síntoma de salud.

Quizás existe una salida, pues hubo lógicamente una entrada en todo este desconcierto.

Si queremos descubrirlo, debemos ser serios y por tanto, sumergirnos en las raíces de este conflicto separativo, en este rompecabezas o crisol de imágenes impuestas en nuestro condicionamiento.

Investigar la realidad o sustancia de estas creencias que nos aprisionan y amarran al sufrimiento sin tregua.

Bucear en esta Conciencia que es la Conciencia de toda la Humanidad no es algo sólo para los pocos, pero sí para aquel/lla que ha decidido vivir/se sin conflictos.

Representa un salto cuántico, un despegue de todo lo heredado como ciudadanos de un determinado país, religión o nacionalidad.

En cierto sentido, uno tiene que ir más allá de la palabra, más allá de sí mismo, del pensamiento rutinario, para descubrir si existe algo que pueda ser denominado como puro, no manchado por la codicia del hombre.

Es entonces, cuando puede acontecer una nueva Conciencia, sin discípulos, ni ideología.

Es la huella del hombre nuevo, renacido en las aguas cristalinas del manantial de la Paz, la Unidad y la Belleza, donde el único combate posible se expresa contra la tiranía y la dictadura del pensamiento fraccionario, divisivo y limitante del individuo.

Un corazón nacido de este descubrimiento, se vuelve así un espejo nítido, donde el mundo onírico pierde su poder hipnótico sobre la mente egoísta.

Y libre de sí mismo, encuentra altura y se pierde en la inmensidad inabarcable de una Paz real, nunca soñada, pero siempre presente allá donde Él pise.”

YESOD.

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