¿Por qué necesitamos muletas?

¿Por qué necesitamos muletas?

septiembre 16, 2015 0 Por Yesod

Aunque no nos demos cuenta, todo el buscador que se adentra en el llamado “camino espiritual” empieza sus primeros pasos por/con un sentimiento de incompletitud, de sufrimiento no comprendido, es decir, una ausencia, una sensación de pérdida no reconocida en los niveles superficiales de la mente, pero sí enquistada en lo profundo de su Ser. Toda Conciencia sufre al ser embotellada, limitada por el condicionamiento impuesto e inadvertidamente aceptado por la persona. No es que la persona sufra, no.

Ciertamente se trata de esta Conciencia, que es la que anima la personalidad y todo lo que denominamos Vida, Existencia, la que es arrinconada en las propias opiniones, creencias, ideologías, filosofías, la que está gritando de dolor.

El cuerpo es insenciente, inocente del daño sufrido por la invasión del supuesto “yo”, el cual coloniza todas las actividades del día a día, interfiriendo en el mecanismo natural de la Vida. Por decirlo de otro modo, la Vida va por un sitio, mientras que el “yo” intenta controlar su llamada “propia vida”, la cual, evidentemente, no existe.

Mientras el personaje soñado no agrade totalmente a su Conciencia, no existe ningún método de salida. Ninguna sadhana, ningún mantram sagrado, ningún gurú que te pueda impartir su Shakti, ninguna penitencia, ni oración que lo salve.

Todo esto, mencionado anteriormente, surge del error primordial de que el buscador es algo separado del mundo que le rodea. Él puede ser identificado por otros objetos, animados o inanimados como otro objeto más dentro del Universo (con fecha de creación y fecha de caducidad). El “yo” oscurece la Conciencia, imponiéndole el velo de la separatividad, en un juego en el que pueden entrar tantos personajes a ayudarte como Maya disponga. Maya es muy poderosa para el individuo. Para la Conciencia, sencillamente, Maya es su sirvienta.

Todo esto ahonda en la frustración del supuesto buscador, que peregrinará de maestro en maestro, de gurú en gurú, de lugar santo a lugar más santo aún.

Sin embargo, existe la posibilidad de ver el error como tal desde el principio, de forma directa, sin intermediarios, sin comerciales de Dios.

La existencia te muestra las diferentes caras de la Verdad en cada rostro humano, situación o circunstancia. Todo se convierte en un gran espejo donde uno se ve reflejado a través del otro, pues la Conciencia le habla (a uno mismo) en una comunicación constante. Todo lo que necesitas es estar atento, observando, siendo testigo, observador de este fascinante juego que aparece y desaparece en cada momento.

Por esto te digo, que tires las muletas, no te sirven.

No eres un mendigo, ni un paralítico que necesite cura.

Eres la pura Presencia siempre fresca, joven y eterna donde el Amor y la Verdad pueden ser expresados.

José María Martínez Gaspar

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