Call: 0123456789 | Email: info@example.com

Yesod en Facebook
Facebook Pagelike Widget
No dualidad, Yesod
¿Quién Soy Yo?Aspectos prácticos del Vedanta Advaita.

No dualidad

La Enseñanza Viva.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy por la mañana, después de tomar mi café, me desayunaba la siguiente noticia en el periódico local que acostumbro leer:

“Thomas Edison abandonó el colegio prematuramente al ser considerado torpe; Alfred Hitchcock era un alumno desmotivado en todas las asignaturas; y Steve Jobs se aburría mucho en las clases de Primaria.”

Aunque todos hemos sido educados por nuestros padres y profesores, sentimos desde muy jóvenes una pérdida de libertad a medida que aprendemos diferentes conocimientos, habilidades y técnicas para prepararnos al mundo del trabajo. Nos hemos pasados muchos años, escuchando de boca de otros la necesidad de formarnos como buenos ciudadanos, hábiles trabajadores y eficaces profesionales de esta sociedad.

En el fondo de nosotros hay una evidente resistencia a formar parte de este rebaño grupal, donde nuestros mayores viven una vida estrecha, mecánica y aburrida. Pocos son los niñ@s afortunados que crecen en un ambiente de ejemplo parental, donde sentirse reflejados en un futuro.

Muchos de nosotros aplacamos esta sensación de incomodidad por y para satisfacer las expectativas de nuestros progenitores. Ellos aparte de cuidarnos, nos protegen, nos guían y nos inculcan su herencia psicológica de opiniones, creencias y expectativas. El niño inadvertidamente las asume como propia, pudiéndose dar 2 situaciones aparentemente opuestas:

  • Que el niño conserve ese sentimiento de rechazo en su interior.
  • Que el niño asuma las directrices paternas como propias.

Estas tipologías pueden no ser puras al cien por cien, ya que puede haber etapas de rebeldía manifiesta, con otras de adaptación o sumisión a las normas.

En ambos casos, el niño se siente “violado” en sus derechos, negándole la capacidad natural de aprender de sus errores e introyectando una imagen de culpa y vergüenza, nacidas del miedo a la autoridad externa. Así surgen los activistas políticos, los abogados, los artistas, etc…cuyas profesiones reflejan esa carencia vital que desean recuperar y compensar a través de sus trabajos.

Los padres y profesores asumen su rol con una legitimidad avalada por sus iguales, que entienden que la educación se basa en la asunción de normas, prohibiciones y castigos punitivos para el que cruce la frontera de la ley.

Si el niñ@ es extremadamente rebelde, puede vivir estas situaciones como un clima de injusticia, de violencia y de hostilidad manifiesta, que suele perdurar en el tiempo, creando profundos surcos en su cerebro, y que le impulsa a conductas de maltrato hacia sí mismo o hacia los demás.

A todo esto lo llamamos cultura…educación…aprendizaje. Son las banderas que enarbola nuestra sociedad civilizada, más preocupada en formar individuos adaptativos al sistema, que en seres humanos con alta capacidad de creatividad y libertad de opinión. Este sistema perpetúa la tradición impuesta por una masa anónima, que proclama el bien general por encima del individual, al Estado sobre el individuo, a la eficacia sobre la creatividad, al trabajo rápido sobre el trabajo bien hecho, al conocimiento sobre las cualidades emocionales o simplemente espirituales, al trabajo intelectual sobre el manual, a la competitividad sobre el compartir, al amasar sobre el repartir.

Es apenas lógico, cuando el individuo madura en este entorno hostil, que desconfíe de las voces de políticos, científicos, activistas sociales, vecinos, amigos, hermanos y hasta de su espos@. Existe el germen de la traición, del rechazo y la hostilidad, plantados desde jóvenes en sus delicadas mentes.

Cuando el individuo busca una salida en las enseñanzas espirituales, traslada casi siempre esta desconfianza infantil, fruto de su estado insatisfactorio, a los grupos de trabajo. Desconfía de la autoridad del gurú, desconfía de sus compañeros de camino y desconfía, básicamente, de sí mismo para llegar a comprender y asumir aquello que se imparte.

Esta imagen, o yo heredado, empaña todo aprendizaje, toda escucha, distorsionando el auténtico mensaje, que en el fondo, intenta destruir la noción precisamente de ser autor (de ahí el término autoridad) de nuestras propias acciones.

Este es el mundo real en el que nos movemos. No nos engañemos. Somos actores a veces activos, otras veces pasivos, de toda esta película de engaños, malentendidos, aversiones y discusiones en nuestras vidas. Es una programación general, que toma la forma específica en cada individuo, el matiz propio, pero el sello o substrato de la miseria y sufrimiento de toda la humanidad.

Sufre el pobre. Sufre el rico. Odia el niño argelino y el viejo japonés. Llora el joven por su amor perdido y llora el hombre maduro por su falta de trabajo. Siente celos la esposa abandonada, y siente celos el marido atareado en su diario y exhausto trabajo.

Toda esta carga impuesta no es individual, sino que la padece toda la humanidad. Podemos decir que es un sufrimiento colectivo que no sabe de fronteras, ni razas, ni sexos, ni edades, ni posición social.

El ser humano busca salida a todo este dolor.

Si es joven y ambicioso buscará un buen trabajo, aunque tenga que competir con sus iguales. Puede llegar a tener mucho dinero, pero en el fondo sabe que esto es inestable. Puede perderlo, a pesar de haber invertido toda su energía en acumularlo.

Otras personas alardean de su salud, pues comparan su físico con sus iguales y se sienten orgullosos en su logro. Pero saben que hasta un simple virus, más pequeño que la punta de su cabello puede arrebatarle todos sus méritos en un chasquido de dedos.

El hombre o la mujer bella, admira su hermoso cuerpo, inconsciente que el paso de los años marchitará su hermoso rostro.

El chico solitario busca el sexo compulsivo para saltar de su soledad y falta de cariño, empujado por la rebeldía a este sistema, intentando aliviar esta sensación de incompletitud y vacío temible que le azota diariamente.

El anciano rememora su pasado, una y otra vez, para refugiarse en los agradables recuerdos de juventud, que tanta alegría le proporcionaron, aunque el temor a la muerte le ronde antes de dormir todas las noches.

Y así pasan los días, los meses y los años de un individuo normal, sin encontrar salida a este sufrimiento impuesto, inútil, pero real. Atrapados en la supervivencia diaria, en los conflictos interminables y en las vicisitudes de la vida.

Muchas personas piensan en el suicidio. Abandonarlo todo. Han perdido casi toda la esperanza de alivio.

Suicidio significa acabar consigo mismo.

Todo el mundo está suicidándose. Algunos en cuotas diarias. Otros de forma abrupta.

Para el que escribe el verdadero suicidio es la desconexión con la Vida. La Vida sin filtros de opiniones, creencias, conclusiones y juicios. Es decir, estamos parcialmente vivos. Incompletos. No hemos resuelto el conflicto externo, que es interno, en realidad. No hemos pacificado las partes de nuestro psiquismo. No hemos logrado la gran alianza y los grandes pactos entre ellas. Por eso, luchamos. Nos rebelamos. Nos deprimimos y nos criticamos.

Entonces, el mundo tal como lo conocemos es un fiel espejo de nuestra realidad interior, disociada, dividida, esquizofrénica.

El suicida en el fondo es un gran amante de la Verdad, un diamante en bruto, que toma como verdadero su cuerpo y su mente como instrumentos de sufrimiento. Acabar con el cuerpo, para él, es acabar con su mente y el sufrimiento.

Desconoce que el cuerpo es inocente de este condicionamiento brutal, y que esta mente es un simple subproducto de esta superestructura.

Si este ser humano, abrumado por el peso de su educación y sus supuestas “responsabilidades”, comprendiera en un segundo, la falsedad de todo, se arrojaría al vacío…no de un acantilado, sino de su propia Conciencia ignota.

Por eso, se hace tan importante la figura de un Maestro vivo que encarne el mensaje de la Conciencia Intemporal, pues es la posibilidad, no muerta, sino evidente, de que cualquiera puede llegar a saltar desde el “embudo energético opresivo del yo” al ilimitado espacio abierto de energía sin causa que, en definitiva, somos.

Pero, para ti, amable lector/a, te lo pongo más fácil que al aparente y dramático personaje citado.

No dejes exteriorizar esta energía de Vida hacia los objetos del mundo, sólo reviértela hacia tu interior. Hacia esta sensación de Ser, de existir.

Es una sensación muy enterrada dentro de ti. Esquiva y huidiza.

No la abandones. Déjate impregnar por ella.

Y olvida el resto del conocimiento mundano e incluso espiritual.

Establécete en este No-Conocer, en este sentir que palpita en tu corazón puro de contaminaciones conceptuales.

Y haz tu vida. Tal como te venga.

Aparecerá un orden, que no es el orden de tu mente.

Es el flujo de esta energía, que derriba lo viejo, y te alinea con el Todo.

Un orden perfecto.

Una paz y un silencio fuera de tu alcance.

Pero no esperes resultados.

Esa es la vieja mente calculadora y astuta que intenta seducirte para actuar en los mismos términos mundanos. Viene disfrazada de duda, de temor al futuro, de desesperanza y de tristeza.

Si los observas como un espectador de cine, imparcial, estos soltarán su lastre y su asociación contigo.

Y este mundo que te abrumaba, desaparecerá como una pompa de jabón flotando en el aire.

Entradas relacionadas

¿Te apetece comentarme algo?

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Yesod en Facebook

Facebook Pagelike Widget

Libro “Vivencias en la Intemporalidad, palabras dictadas desde la Nada”

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: