Todo lenguaje es falso.

Todo lenguaje es falso.

lenguaje falsoEste lenguaje que utilizamos es básicamente pro-ego. Es decir, está orientado a la comunicación en este mundo de apariencias individuales, donde el puente que nos une (o desune) es la articulación de mensajes.

Refuerza la idea de conseguir, de obtener algo de este entorno llamado mundo, con el cual nos manejamos diariamente. Mensajes que solemos catalogar como importantes, urgentes, necesarios, innecesarios o banales.



Todas estas distinciones son la marca distintiva de una mente personal que colorea cada afirmación con la brocha de la cultura heredada.

La época que vivimos, nuestra moral, nuestra influencia familiar o educativa, se encarga de clasificar nuestras comunicaciones en una escala de valores que asumimos como propia.

Puedes observar cómo la ideología cuando es capturada como propia, empaña las lentes de la Conciencia.

Crea separatividad, temor, aversión y violencia entre los seres humanos.

Levanta murallas tan grandes como el muro de Berlín. Un sólo pensamiento de odio construye en un instante un precipicio insalvable entre las personas.

¿Cómo puede el lenguaje ayudarnos a percibir lo real?¿Cómo podemos encontrar Paz entre los seres humanos desde esta comunicación verbal?

 

Sólo existe un modo.

Ese lenguaje que articula el mundo, debe estar empapado de Amor, de Comprensión y de respeto. Respeto por la libertad del otro. Sin miedo a que pueda equivocarse. Sin miedo…

Encontrar el origen del miedo, observarlo sin justificación, ni condena.

Ver su baile en la mente.

Ver cómo actúa y quiere seducirnos, atraparnos.

Una mirada así, es liberadora. Y es liberadora en el instante.

No necesitas analizarlo.

No necesitas comprenderlo.

No necesitas diseccionarlo.

No necesitas tiempo...

¿Quién está en peligro en este intercambio verbal?

Una imagen. Esa imagen que has construido inadvertidamente. Que has asumido como propia, aunque intuyes que es heredada.

Sí. Todo lo que sabes, entiendes y comprendes es herencia del pasado.

No puedes vivir el presente con esta carga inútil. Sólo la mente personal egocéntrica es la única interesada en mantenerte atado/a al círculo del sufrimiento, de la separatividad.

Yo sé que las palabras nunca pueden retratar con exactitud el hecho.

Utilizo la palabra como un machete para abrirme paso entre la jungla de conceptos de la mente.

Es un instrumento para apuntar hacia algo que no puede ser entendido a nivel de la mente, un espacio sin conceptos.

Mi corazón sabe aquello que mi mente desconoce. Siente y percibe con absoluta claridad que no existen distancias ni diferencias entre los objetos de la conciencia.

Esta mente se encuentra aturdida y distraída jugando con los diferentes juguetes conceptuales que se le suministra.

Por eso este mensaje no es para ella. Su destinatario es esta Conciencia Común que yace dormida, aparentemente, en el regazo de tu corazón.

Esta Conciencia te está gritando “¡ Feliz, feliz, feliz ...ábreme paso...Soy Tú !



 

Prosperidad

Prosperidad

 

Desprenderse de lo inútil

es prosperidad.

Todo el lujo que atesoras,

tarde o temprano,

lo perderás.

 

Aunque construyas mansiones,

escribas libros hermosos,

o poseas la belleza del tiempo,

todo ello se marchitará.

 

Pero existe un campo,

donde las flores

no tienen caducidad.

 

Su tierra es fértil

y las nubes y el sol

siempre acompañan,

acunando su despertar.

 

No lo encontrarás mirando al mundo

desde la ventana

de una mente opaca.

 

Pero si limpias el cristal

con tu mano amable

podrás disfrutar del paisaje,

primavera hoy,

primavera siempre.

La Naturaleza

La Naturaleza.

 

“Hemos echado a andar fuerzas irreversibles.

Hemos contaminado el cielo, las aguas, todo.

Las leyes de la naturaleza no conocen la recompensa, solo el castigo.

La recompensa es tan solo que uno esté en armonía con la naturaleza.”

 

- Foto cedida por Gerardo Salas Laferriere -

La Naturaleza es el templo de Dios.

Si quieres ir a rezar rodéate de naturaleza.

No vayas a las iglesias ni monasterios.

Estos son producto del pensar humano.

La Naturaleza no ha sido tocada por la mano del pensamiento.

Ella refleja la Conciencia en su estado más cercano al original.

La Naturaleza sana la mente del hombre.

El hombre está enfermo.

Se ha dejado dominar por la mente.

 

Se identifica de continuo con su propia mente.

La Naturaleza es el sanatorio de la mente.

Te ayuda a conectar con tu Ser.

Ningún animal está enfermo de la mente.

Tampoco tiene problemas para dormir.

El bosque es una gran sinfonía de sonidos, olores y colores.

Tú no puedes llegar a crear un bosque.

Puedes imitarlo y recrearlo en tu jardín.

Pero él tiene su propia inteligencia.

La armonía de los cinco elementos combinados entre sí.

Si te conectas con esos cinco elementos,

ellos te desvelarán la Fuente.

Al lado de la Fuente, siempre hay sombra.

La sombra del descanso sin propósito.

Allí puedes dejar tu saco de recuerdos, experiencias y dolores,

y darte cuenta del espejismo del sufrimiento.

Cuando lo vives como persona es Real par tí

Cuando lo vives como Conciencia es Real e Irreal a la vez, pero para nadie.

Observa la diferencia.

Parece un juego de palabras, pero no lo es.

Es la enorme paradoja del sano cuerdo.

Beber de este manantial te saciará por completo.

Su esencia es la Felicidad.

Felicidad sin causa.

 

No olvides lo que te digo.

 

Simplemente no pongas palos en las ruedas.

 

Vive conectado a la Fuente...la Fuente de la Inmortalidad.

 

(Del libro "Vivencias en la Intemporalidad, palabras dictadas desde la Nada")

Un corazón tranquilo

Vivir libre del miedo, la ansiedad y las preocupaciones no parecen tareas fáciles para el ser humano. Vivimos contraídos, asustados, aislados en un universo personal de conflictos y tensiones externas. 

Queremos la paz y ni siquiera nos aguantamos a nosotros mismos cuando estamos en soledad.

Este “yo” que creemos ser, nos mantiene en una actividad incesante durante nuestro estado de vigilia. Tan sólo para colmar nuestras necesidades físicas, psicológicas y de relación.

De esta manera, la vida se convierte en un incesante carrusel de acontecimientos, muchas veces impredecibles, donde nos sentimos arrastrados a actuar según un modelo de comportamiento.

No tenemos tiempo para estar con nosotros mismos en plena soledad, sin el coloquio incesante de nuestra propia canción psicológica. No sabemos o no hemos aprendido a vivir en una relación con los demás sin filtros estereotipados, sin papeles o máscaras, que aparentemente nos protegen de los demás, pero que a la vez nos aíslan de todo lo que nos rodea. En esta situación, toda comunicación es imposible. Se impone el “autismo del individuo”, carente de sensibilidad, que busca evitar el dolor y buscar obsesivamente el propio placer. Darse cuenta de este estado de cosas, es un síntoma de salud.

Vemos cómo los países se destruyen unos a otros. La cerilla de la violencia, arrasa el bosque del bienestar acumulado durante decenios. En menos de cinco segundos, la situación se desborda, aniquilando gente inocente que están exentas de responsabilidad criminal o delictiva. En nombre de la denominada democracia, son explotados y saqueados pueblos de distintas nacionalidades, presas de la ambición de unos cuantos despiadados y miserables grupos de poder económico. El hombre agredido que perdió a su familia, abraza y desvirtúa el mensaje de las religiones universales, para consagrar su venganza, larvada durante tantos años.

Uno se pregunta entonces, cuánto tiempo durará esta locura de muertes y terror.

Y no encuentra respuesta.

Quizás sea algo impuesto en la condición humana, que tan sólo esta sangría puede rebajar el nivel de egoísmo acumulado durante siglos.

Este planeta no conoce la paz. No sólo la paz del intermedio entre dos guerras, sino la paz de un corazón tranquilo, que esté más allá de las circunstancias del entorno. Este “yo” ha dividido el mundo en naciones, razas, religiones, ideologías, filosofías, creando y sembrando la desconfianza y el temor entre seres humanos, alejados por sus distintas costumbres, modos de vida e idiomas.

La palabra ha dividido al individuo, del cual sólo quedan rastros de miseria e iniquidad. Es la torre de Babel de nuestros tiempos, donde se ha perdido la perspectiva global de un mundo en el que todos habitamos.

El político ha tomado la responsabilidad del pueblo. Pero éste se ha vendido anteriormente a la ambición y el enriquecimiento proporcionado por los poderes económicos ocultos. Éste no conoce las devastadoras consecuencia de sus actos, adormecido entre sus objetos de placer, distraído por su opulencia e insensibilidad hacia los más desfavorecidos. Su vida es un antiejemplo, guión vital a no seguir.

Estos grandes hierofantes de la escena comunicativa han pervertido el lenguaje con sus actos violentos, pregonando la igualdad y la solidaridad, y retirado su mano diariamente al hombre desvalido y sin futuro. Este divorcio entre su palabra y sus actos, es el signo de nuestros tiempos, donde no se respeta la esencia de la realidad última del ser humano.

Tomar parte en sus exquisitos modos de presentarnos nuestra obligación de apoyarlos, es una forma de suicidio colectivo.

En cierta forma, retratan nuestra propia enfermedad, inevitable degradación de nuestros principios más elementales.

Es la corrupción del alma humana la que está en juego. No la de un sólo individuo, sino la de toda la humanidad, que destila la peste de un pensamiento que ha abocado al hombre a su declive espiritual.

En este panorama tan desolador, nadie será salvado por otro alguien.

Esa esperanza ha matado a muchos seres humanos, que exterminan a otros en nombre de un paraíso futuro, un edén diseñado sólo para mártires de ideologías fanáticas. La denominada esperanza del hombre común y corriente (que no es distinta a la del creyente), depositada en una ideología política no deja de ser igual. Pura especulación mental, producto del adoctrinamiento residual de la colectividad, dividida en facciones que enarbolan un slogan en contra de otros.

Es la ley del péndulo que no encuentra nada más que parcheos a las situaciones reales de conflictos entre individuos.

Si existe una salida, ésta debe ser comprendida más allá de las estrecheces de una mente adoctrinada en el simple bienestar de unos pocos.

Debe ser justa para todo individuo.

Pero no puede ser vista como tal por el individuo.

Él vive sumergido dentro del conflicto onírico autocreado por su propia mente conflictiva. Él es parte del conflicto y como parte no puede ver toda la situación, tan compleja y profunda.

Debe por tanto sumergirse en las raíces de este conflicto separativo, en este rompecabezas o crisol de imágenes impuestas en su condicionamiento. Investigar la realidad o sustancia de estas creencias que le aprisionan y amarran al sufrimiento sin tregua. Bucear en esta Conciencia que es la Conciencia de toda la humanidad no es algo sólo para los pocos, pero sí para aquel/lla que ha decidido vivir/se sin conflictos.

Representa un salto cuántico, un despegue de todo lo heredado como ciudadanos de un determinado país, religión o nacionalidad.

En cierto sentido, él tiene que ir más allá de la palabra, más allá de sí mismo, del pensamiento rutinario, para descubrir si existe algo que pueda ser denominado como puro, no manchado por la codicia del hombre.

Es entonces, cuando puede acontecer una nueva religión, sin discípulos, ni ideología.

Es la huella del hombre nuevo, renacido en las aguas cristalinas del manantial de la Paz, la Unidad y la Belleza, donde el único combate posible es contra la tiranía y la dictadura del pensamiento fraccionario, divisivo y limitante del individuo.

Un corazón nacido de este descubrimiento, se vuelve así un espejo nítido, donde el mundo onírico pierde su poder hipnótico sobre la mente egoísta. Y libre de sí mismo, encuentra altura y se pierde en la inmensidad inabarcable de una Paz real, nunca soñada, pero siempre presente allá donde Él pisa.

(- Foto cedida por Gerardo Salas Laferriere - )

LO-CURA Y LOCURA.

- Foto cedida por Gerardo Adrián Salas Lafferriere -

Lo-cura y locura.

La diferencia entre esquizofrenia y el estado de no saber es fácilmente reconocible.

Ambos están en los extremos opuestos de la vida-muerte. Uno está vivo para el mundo y muerto para su Ser-Conciencia y el otro esta muerto para el mundo y sus inclinaciones de fama, arrogancia y orgullo. Y sobre todo está libre del miedo y la ansiedad.

El esquizofrénico vive en un mundo imaginado de luminosas revelaciones y voces paternas o maternas que le reprochan continuamente su otro yo. Es un estado de miedo continuo que desemboca en la violencia y el aislamiento. Este tiene una dura coraza psicológica, abierta en su extremo superior que teme ser engullido por la Conciencia-Ser.

El no-sabio está vacío de todo, de apego a sus pensamientos y emociones, divorciado de la imaginación y la memoria biográfica, pues no sustenta ya creencias.

Él es simplemente un espejo puro que refleja tus pensamientos y emociones tanto "agradables" como "desagradables".

No tiene protección psíquica, por eso, es vulnerable como la flor del campo que puede ser pisoteada por cualquiera...pero a la vez fuerte, porque su coraje nace de una eliminación radical de su biografía como persona.

Este estado es SIN MIEDO, pura CONVICCIÓN DE SER, altamente REAL y no imaginado.

Ambos funcionan de modo parecido, en uno el sufrimiento alterna con los estados de pseudotranquilidad.

En el que ha diluido la dualidad, no existe sufrimiento psicológico, pero sí físico, pues actúa en el mundo a través de un cuerpo.

Él no conoce ya el sufrimiento ni alimenta el de otr@s aparentes personas.

Fluye y deja fluir sin retener nada para sí.

Conectado-desconectado.

Él no desea ni espera nada de ti....no tiene expectativas, porque básicamente para él la "persona" es simplemente un fantasma irreal.

Todo lo que dice es extremadamente importante cuando habla, para un segundo después no tener ningún valor en absoluto.

Él conoce la dicha y el estado silencioso es su insignia...aunque hable, actúe o duerma...eso nunca le abandona.

Este no-estado también es una pura calamidad para el yo... pero de dicha para el Ser.

Es un estado no-relacionado.

Así de claro.

Así que es un estado de hablar al otro, que en realidad es uno mismo, sin filtros ni amortiguadores.

Por eso te ruego encarecidamente, que des media vuelta sobre tus pasos y no continúes...sigue con tu vida, tus pequeñas alegrías y placeres de satisfacción inmediata.

Retírate de la búsqueda espiritual y no te acerques a alguien así, te quemará tus miedos, tus expectativas y tu deseo de permanecer disfrutando del placer que te proporciona tu rincón privado.

Jose Maria Martinez Gaspar.

Publicación de mi segundo libro “Caminando hacia el Vacío, la Belleza de lo Insondable”

Me alegra enormemente el publicar este mi segundo libro al que he titulado "Caminando hacia el Vacío, la Belleza de lo Insondable" y que el próximo día 17 de Abril encontrareis ya disponible en la editorial Amazon, tanto en formato electrónico como en edición papel.

He intentado ser lo más honesto posible en la escritura, abrirme a lo que siento profundamente como una posibilidad de cambio radical en la percepción de la realidad desde mi visión personal en las formas aunque no en el fondo del contenido del libro.

En el prólogo explico este proceso de desnudez conceptual, el poder transformador que tiene el coraje del descubrimiento genuino, de los procesos vitales que acompañan al despertar, sin los cuales no hay verdadera aportación consciente a nuestras vidas, de la oportunidad de aprovecharlos para descubrir-nos de manera original, sorprendentemente libres, fluidos y en sintonía con los demás.

También te muestro el contenido de este libro a continuación.

Un libro de 144 páginas que ha supuesto un proceso de exudación, un gran parto...un hijo que habla por mí.

Simplemente aparto mi mente...para que la Conciencia tome el mando de mis palabras...palabras que intentan ir al corazón de tu Ser...el mío.

Espero que sea de tu agrado.

 

Comparte si así lo sientes con tus amigos y familiares.


Índice de contenidos.

  • Dedicatorias y agradecimientos.
  • Prólogo.
  • Artículos del blog de Vedanta Advaita.
  • Sobre mí.

“Morir a lo viejo, nacer a lo nuevo, es el único camino posible hacia una sociedad y un mundo más justo”

Parte primera: DISOLVIENDO VIEJAS CREENCIAS.

  • Mi mensaje.
  • ¿Qué no es Advaita?
  • Sobre el engaño espiritual.
  • El árbol de la Iluminación.
  • El amanecer del Ser, un Nuevo Hombre de Conciencia.
  • La Verdad no es algo estático.
  • ¿Por qué necesitamos muletas?

Parte segunda: LA PRÁCTICA DIRECTA DE EXISTIR.

  • Simplemente ...siendo.
  • En el ahora no hay alguien … o en el ahora hay nadie.
  • Hacia un despertar espontáneo.

o  Acabar con la raíz del sufrimiento.

 

Parte tercera: LA SABIDURÍA DEL CORAZÓN.

  • La canción de los pinos.
  • Recordando Quién Eres.
  • Mi Gita.
  • Quiero…Ser.
  • Locura mística.
  • Olvidemos las palabras.
  • Vacío.

Parte cuarta: AHONDANDO EN LAS ENTRAÑAS DEL SER.

  • El Silencio.
  • Maya.
  • El embudo energético.
  • Encontrando a mi gurú.

Qué es honestidad?

Las cualidades y certificaciones de un gurú.

  • Responsabilidad y elección.

Parte quinta: UNA INVESTIGACIÓN METAFÍSICA DE LA CONCIENCIA.

  • Investigando más allá de las palabras.
  • La duda como método de investigación del yo.
  • Un maestro realizado no puede reconocerse.
  • Atravesando las espesas capas de las creencias.
  • Tantra y espiritualidad.

 

Parte sexta: UN MISTERIO SIEMPRE PRESENTE Y DISPONIBLE.

  • La mente, el soñador y el espacio atemporal.
  • Una puerta siempre abierta.


PRÓLOGO.

¿Qué te vas a encontrar querido lector@ en éste mi segundo libro?

Espero que algo distinto, quizás otra visión no tan ortodoxa de lo que se ha asumido como vía del despertar. Es mi visión sobre el camino del despertar dentro de la corriente Vedanta Advaita.

Mi visión.

Pero no por ello está enfocada de manera personalista.

No.

Son mis ojos y mi voz mostrándote y hablándote sobre un nuevo paisaje descubierto. No es un paisaje lunar. La Nada, el Vacío está lleno. No de cosas ni de personas. No de objetos de la Conciencia. Estás ante un nuevo lugar de residencia del viaje nunca empezado y que nunca acaba que es la Vida.

Puede parecer una playa, con un sol que cálidamente acaricia la piel de tu alma y broncea sin apenas darte cuenta el corazón del estudiante cansado del discurrir diario, de la rutina sin fin, del que busca unas vacaciones donde recuperar la salud, la armonía y la paz perdida.

He intentado abrir mi corazón, ponerlo a servicio de esta Conciencia del Ser y para ello he dividido esta obra en cinco partes distintas, aunque todas ellas tienen en común el substrato de estar enfocadas en traspasar la niebla de los pensamientos y emociones aflictivos para que algún rayo de Sol pueda ser vívidamente sentido por ti, querido lector.

En la primera parte, titulada “Disolviendo viejas creencias”, he intercalado siete escritos que exponen la necesidad de eliminar todo aquello que te estorba, que te impide vivir/te desde lo auténtico, y sin lo cual la vida se vuelve estéril y sin horizontes.

En la segunda parte, que he titulado, “La práctica directa de existir”, he querido ir la núcleo de la enseñanza Vedanta, que es la recordación constante de esta sensación de Ser, de estar en el mundo, no como una persona con su biografía y sus recuerdos y temores, sino como un ancla de brillante serenidad y gozo.

En “La Sabiduría del Corazón” te muestro esa belleza de lo Insondable, de lo apercibido y rescatado para el otro, para el que sufre, para el que está preocupado, para el que ha perdido la fe en sí mismo. Ante el abismo de lo improbable y lo inseguro emergen las joyas de la verdadera confianza y el coraje para proseguir hacia la meta de la Verdad. He garabateado estos cinco poemas  y dos escritos, para que lentamente te sumerjas en la sensación de refugio, para que entres en tu castillo de oro interior, ese corazón puro que nunca ha sido tocado por experiencia alguna. Hasta ahí esta tercera parte del libro.

El verdadero Silencio, la irrealidad del mundo y la posibilidad de cambio hacia la expansión de la Conciencia, son los asuntos tratados en la cuarta parte, quizás la más pragmática y a la vez la que obliga al lector-estudiante a sumergirse en las profundidades del Ser. De ahí su título “Ahondando en las entrañas del Ser”. Sí, entrañas, es la palabra que mejor define a un apasionado buscador del Sí Mismo. Desde ahí es desde donde nace el niño, ese estado concientivo que Nisargadatta Maharaj define como Conciencia-Niño.

En la quinta parte, “Una investigación metafísica de la Conciencia”, he orientado mis palabras hacia el terreno de la especulación introvertida de la mente, para preguntarme/te hasta dónde puede llegar ese instrumento denominado psiquis humana, y dónde pierde su función original. Desde ahí se puede cuestionar la validez experiencial y si es posible ir más allá de uno mismo como sujeto atado a lo biográfico, aclarando el verdadero sentido de vivir sin un centro funcional que llamamos ego o personalidad. Aquí tampoco he querido dejar de pasar la oportunidad de hablar sobre sexo y tantra, desmitificando todo lo mistérico que tiene el término y del que se han escrito ríos de tinta sobre su verdadera puesta en práctica y sus efectos y beneficios.

Y para finalizar, en “Un misterio siempre presente y disponible”, he analizado y expuesto en dos escritos la siempre posibilidad de abrirse a lo Desconocido desde el momento único e irrepetible que es el Presente-Presencia, ese punto diminuto y humilde que es la única puerta que nos abre a la dimensión del Amor y el Reconocimiento del Ser.

Hasta aquí lo que te vas a encontrar amable lector@, tan solo comentarte que este libro nace como consecuencia directa de mi propia experiencia. Más bien dicho, del agotamiento del experimentar.

Nunca antes de los 49 años me consideré apto para escribir.

No me considero un escritor.

Tampoco un poeta.

Y si me apuras tampoco un ideólogo del Advaita.

Simplemente envuelvo mi mensaje entre los hilos invisibles de algo que vino a mi vida sin apenas proponérmelo.

Existen muchos libros que hablan sobre espiritualidad, algunos son recopilaciones de textos tradicionales de las distintas filosofías o corrientes de investigación de los variados caminos que persiguen la liberación del sufrimiento. Otros son biografías de gurús o maestros con los que el autor estuvo en contacto por mayor o menor tiempo. O simplemente análisis intelectuales de algunos textos de renombrados autores de la cima de la espiritualidad.

En este libro, por mi parte, he intentado recoger desde una visión íntima aquello que he podido aprender de algunos de ellos, aunque no existe una visión personal en los mismos.

Son pequeñas gotas destiladas de la esencia de las enseñanzas de la sabiduría perenne que han sido filtradas en el tamiz de mi corazón.

Todas ellas apuntan a lo Último como escalón inevitable de fusión con lo impersonal.

La vida de buscador es toda una aventura, teñida con experiencias que pueden denominarse como catalizadores del despertar.

No quisiera caer en la actitud engañosa y narcisista de narrar una aventura espiritual personal. No es ni mucho menos mi intención.

La parte humana no es el motivo de este libro, sino el soporte instrumental a través del que se escriben estas palabras. Soy consciente de que existe literatura advaita que está centrada en mostrar aquellas técnicas o métodos que culminan en la realización última. Aquí no he abordado esta cuestión, aunque desde mi blog empujo y animo a aquellos estudiantes sinceros a esta visión ori-occid-ental del camino que he sintetizado en mis viajes a India y a diferentes ashrams y gurús que he tenido la suerte de tratar personalmente.

Para ello, muestro una serie de experimentos y juegos con la Conciencia, que son el resultado de una vía sencilla, natural y sin esfuerzo para salir del círculo de la preocupación y el sufrimiento.

Si una técnica te esclaviza o te impone una serie de tareas que implican tensión, entonces no merece la pena ser seguida.

Tampoco quiero que saques la estúpida conclusión de que abandonarse o simplemente vegetar pueden ser la solución a todos tus problemas.

Este libro explora el camino del Vedanta desde la lectura de textos recopilados en mi blog personal.

Te invitan a ser leídos desde un espacio de apertura y sosiego, desde una mente y un estado de ánimo similar al melómano que desea disfrutar de la música. Es tan importante la letra como la melodía. En definitiva trato de empujarte hacia el silencio entre dos notas, la del Ser y la del No-Ser, para que vislumbres en el terreno de lo ignoto y te aferres a aquello que nunca podrá ser expresado en palabras.

Es una invitación a la desnudez de uno mismo.

A que te sientas sorprendido, confundido e incluso extraviado en algunos de mis escritos y poesías.

No trato de ser coherente ni mucho menos convincente. Solo deseo que juegues, amable lector@ como un niño con estos párrafos, porque es desde ahí, desde donde el descubrimiento es posible.

Ahora quisiera narrarte algunos hechos de mi infancia que se han quedado grabados en mi alma, inevitablemente.

Ya desde pequeño, a la edad de 6 años, una mañana gozosa tuve un despertar espontáneo que me dejó perplejo. Estaba simplemente andando por un parque infantil que se encontraba justo al lado donde vivía, cuando de repente, todo los olores, todos los sonidos y todos los colores tomaron una vivacidad fuera de lo normal, y me sentí transportado a un mundo distinto, con la sensación de absoluta presencia y una alegría desbordante. No, no sabía que aquello era un “insight”, pues lo experimenté y unos minutos más tarde fue desvaneciéndose. Eso sí, dejó una huella profunda en mí, que cuando era más adulto me convirtió en un esclavo de la búsqueda y repetición de esta experiencia.

Ese niño que fui, se convirtió en un adolescente solitario que buscaba en los libros y en las compañías afines a mi forma de pensar, el reconocimiento de que “algo” más allá de lo explicable puede estar esperándome en cualquier momento. Pero este mundo no fue compartido con las personas de mi entorno.

Así que me convertí en mi propio ensayo de laboratorio desde un principio.

Leía y practicaba.

Me zambullía en la lectura como un buceador de mí mismo. Recuerdo haber leído un libro de Filosofía de José Ortega y Gasset, y quedarme absorto en algunos conceptos que me servían de trampolín para comprender aquello que era la Esencia. No todos los filósofos son intelectuales que no han tenido experiencia o atisbo de experiencia del Ser.

En muchos casos, la palabra sirve como puente para conectar con lo Trascendente.

Cuando tenía apenas 17 años, leyendo curiosamente un libro sobre el autor que he nombrado anteriormente, me sentí en un estado de lucidez y luminosidad perceptiva que me mantuvo gozoso durante 7 días. Y es que cuando la palabra penetra en la Conciencia y es dictada desde la misma, se produce un acto de sincronicidad del autor-lector, más allá de la distancia y del tiempo.

Considero que muchas personas han podido tener un vislumbre similar que los mantuviera sin preguntas, pero lamentablemente también existen otras que ni siquiera han podido descorrer los visillos de lo Aparente a lo No Conocido.

Estas palabras han sido transmitidas en este contexto del que te hablo.

No buscan zalameramente tu aprobación, ni tan siquiera tu aplauso, sino que sólo pretenden ser expresadas como pequeño señuelo que apunta a un tipo de estado interior que no es cambiante, que existe por sí mismo y que es todo un misterio para aquellos que no han podido disfrutarlo.

No es precisamente, un llamado a la esperanza lo que comunican, sino todo lo contrario. Es un abandono a lo inmediato, a lo que la Vida trae de momento en momento.

No es un premio ni tampoco un castigo.

Es verdaderamente Amor envuelto en palabras, las cuales traen el perfume de esa flor que en realidad eres tú mismo.

Y aunque las palabras no pueden ir más allá de la descripción de los hechos ni de la experiencia, sí que pueden convertirse en catalizadores o disparadores de nuevas aperturas en tu espacio mental. Todo depende de la actitud del lector y de las circunstancias vitales que como individuo se transita en ese momento.

Nadie puede darte lo que tú ya Eres, pero sí que el acercamiento y la afinidad mental, emocional y vibratoria de ciertos mensajes pueden transportarte en un pequeño viaje hacia terrenos ignotos más allá de lo experiencial, y conectarte a la esencia de tu naturaleza primordial.

Han ido y venido multitud de momentos cumbre en la vida del que escribe, pero eso no es posible regalarlo.

En algunos de mis talleres, creamos el escenario posible para que la chispa de la electricidad espiritual pueda ser saboreada. Todo ello depende de algo que desconozco. Simplemente me adhiero a mi Yo Soy y dejo que la voluntad del momento presente impregne lo que tiene que acontecer.

Pues como expresa sabiamente Nisargadatta:

“Todos los caminos conducen a la irrealidad.

Los caminos son creaciones dentro del ámbito del conocimiento.

Por consiguiente, los caminos y los movimientos

no pueden transportarle a la Realidad,

porque su función es enredarle

dentro de la dimensión del conocimiento,

mientras que la Realidad prevalece antes de él.”

El ciprés me lo mostró

El ciprés me lo mostró.

La naturaleza es el templo del Ser. En ella duerme, reposa y rebosa la Vida. Allí el pensamiento limitado del ser humano, que intenta imitarla, no puede siquiera acercarse. La mente, que es solo un concepto, es la energía dividida y divisiva de la Vida tomando forma a través del objeto-hombre. Es la parte arrancada, estrangulada y siempre anhelante de la perdida Unidad de donde surge. Es como el niño perdido en el bosque, que grita el nombre de su madre, suplicando su presencia, cuando ella siempre supo que se encontraba a su vista, a salvo.

El árbol es esta Conciencia de Niño que no tiene nombre. Él no se reconoce como árbol. Ni se engalana para agradar a otros árboles. Ni tan siquiera compite con su vecino para obtener más lluvia de las nubes generosas. Si uno lo observa con los cinco sentidos, puede palpar el alma que habita en los objetos. No necesita la palabra para conocer en profundidad el sentimiento-esencia que lo permea. Esto no es cuestión de adiestramiento, ni de educación de los sentidos, sino que es un puro conocer, directamente, sin filtros, aquello que es observado. Tampoco es cuestión de intentarlo, pues el propio esfuerzo, por mínimo que sea, distorsiona la percepción de lo observado alejándolo del presente. Más bien se trata de un juego infantil, amoroso, como cuando descubres por primera vez la hormiga que lleva sobre su cuerpo un sencillo grano de trigo. Simplicidad, falta de interés o ganancia son los ingredientes para descubrir por sí mismo, aquello que es evidente, no auto-creado por el pensamiento. Acercarse con ojos de explorador, curiosos por desentrañar en el aquí y ahora el deleite del espectáculo que se nos presenta por pura diversión.

Cuando uno mira el ciprés que se le presenta en el camino, puede entender su significado oculto para los ojos opacos. Esa energía no contractiva, que no viene de nadie ni de ninguna parte, y que no tiene límites, desvela cuando uno se acerca, la enorme importancia del árbol solitario. El ciprés no conoce la soledad, pues está ausente de foco. No sabe que existe. En este no saber hay una cualidad muy sutil y tremendamente poderosa. Es el mismo poder que a uno lo conduce, no tan solo hacia su presencia, sino que ésta es la Presencia que habita dentro de uno. Uno lo percibe dentro de sí mismo y a la vez fuera, como si naciera de las entrañas del que lo observa y uno mismo desapareciera por completo de escena.

El ciprés da su mensaje a los cuatro vientos. Sin palabras, sin recompensas y sin vanidad. Su corteza es rugosa como la piel de un elefante. Y su tronco, fino y siempre recto, hunde firme y profundamente sus raíces en la tierra. Esta tierra que es ilusión de la Conciencia y de la que se alimenta para despertar del sueño. Sus ramas siempre apuntan hacia el cielo. No como otros árboles que ofrecen a ambos lados sus delicados dedos. No es fácil escalar a él, pues sus ramas comienzan más allá de la vista del hombre que desea dominarlo. No ofrece flores, ni frutos comestibles para el hombre. No tiene recompensas materiales que ofrecerte. Pero tiene un regalo para aquel que sabe acercarse a él con una mirada inocente. El ciprés es seco, de hoja perenne, mostrando con su eterno ropaje su estabilidad en su atuendo. Es como la llama de una vela, que es esta Presencia que es uno, representando en su forma y expresión, el fuego continuo de aquello que permanece. Es la plegaria de manos unidas del devoto anhelante de la visión de Dios. No es casual que se ubique en los camposantos…aunque cualquier campo es por naturaleza santo para el que te escribe. Es el árbol que representa la muerte. No la del cuerpo, sino la del pensamiento divisivo que esclaviza al sufrimiento. Porque el que comprende esta Muerte, que es la Real, puede descifrar las palabras ocultas de la Vida. Y es que a esta Vida sólo se accede por la Muerte. Una Muerte constante que como sombra empuja a la Vida. Uno siente un inmenso respeto por la Muerte, que presiente y siente mucho más profunda que la Vida. Es como el rio profundísimo y subterráneo que alimenta el despliegue de lo manifiesto. Su inmensidad no tiene orillas y puede decirse que ante ello uno no es nada, insignificante, como una mota de polvo flotando en el universo. Es reverencia ante lo apercibido y que se le presenta como incuestionablemente sagrado.

Hoy me dio este mensaje el ciprés para ti:

Sólo conocerás la Vida, viviéndola plenamente, hundiendo tus raíces tan profundamente como yo. Yo soy la rectitud y la verdadera austeridad. Yo soy la anhelante canción que susurra al oído a quien a mí se acerca. Yo soy el secreto escondido y a la vez abierto. Si no te distraes en mis ramas, yo te llevaré hasta el cielo y más allá, que es también aquí mismo. Y en esta Soledad ya nunca te sentirás solo, ni tampoco aislado. Tú tan solo salta, y en esta confianza, tus alas, que no son brazos, te llevarán muy lejos de la vista de este mundo transitorio...porque ese insignificante ciprés que te habla… Soy Yo.

Y sólo porque él me lo dijo,…, hoy lo comparto contigo.

El amanecer del Ser

El amanecer del Ser, un Nuevo Hombre de Conciencia.


Hoy, al abrir los ojos, el amanecer de mis párpados, abrieron la cortina a la alborada del Mundo, por unos instantes nada existía…pero de repente, toda la fuerza de la Vida atravesó mis ojos.

Es el big-bang del Universo, siempre presenciado por Algo, distante pero no distinto de Uno.

El ojo es el gran presenciador que presencia el parto del mundo…un ojo siempre abierto, eternamente despierto.

Uno es el ojo y el mundo es un simple átomo de Yo Soy, una llama violeta en tu corazón…un simple pensamiento en la garganta de Dios. El espacio resuena entonces acompañando una gran onda que proviene del Silencio…Y el espacio es onda y a la vez plasticidad energética…y ese límite es infinito.

Entonces el Ser-Vida entra en el útero del Universo como chispa alumbrando el primer día…siempre el primer día, en el primer minuto, en el primer segundo…donde no había Nada, sólo Vacío. El Vacío es el Gran Agujero Cósmico que frena el tiempo, la puerta de entrada a la No Existencia.

El niño toma la primera respiración y la expulsa en forma de semilla Yo Soy, extendiendo sus tallos y sus bellas flores, buscando el pecho de su ansiada Madre…

Todo lo demás a partir de aquí…es simplemente un acto de Pura Magia de tu Propio Ser.

 

Bendiciones para tod@s.

El viaje

Emprender un viaje es una aventura. Uno sabe que se va, pero no sabe si llegará a su destino.

El mundo es tan impredecible, con sus múltiples factores, que el hombre cree dominar. Una causa lleva un efecto, dicen las voces de los científicos con su limitado intelecto y sus explicaciones lógicas.

El erudito e incluso el estudiante espiritual se atreve a nombrarlo de forma diferentes: la ley del dharma y el karma. Uno sabe de primera mano la ineficacia de argumentar la Vida y sus relaciones, que escapan al control del pensamiento.
Esta mañana emprendimos un trayecto. Uno conoce el origen y por tanto el destino.

El primer paso es el último paso.

Adentrarse en el camino espiritual es idéntico.

No hay carreteras hacia el cielo.

Si te guías por esta Conciencia, no te desviarás de tu ruta. No había nadie conduciendo, y por tanto, no podía haber accidentes. Uno miraba el cuerpo y estaba allí pilotando el auto, pero este vehículo se conducía sólo. Tiene su propia inteligencia y uno se siente guiado por algo que le sobrepasa…algo enorme, mucho más grande que el paisaje que veíamos a nuestro alrededor.

Conducir con atención, simple atención, no con atención a algo en concreto, abre el abanico perceptual del momento. No había una atención concreta, focalizada en alguna parte de aquella carretera, ni siquiera a las señales plantadas a su paso. Ni incluso a los coches conducidos por otras personas. Todo era un fluir del momento. No había conductor, no había nadie. Tan sólo conducir.

Es pasmoso este estado de no hacer nada, pues Él se encargaba de guiarlo a uno, de llegar sano y salvo a su destino. Las señales del camino no le despistaban. Eran señales construidas por el hombre.
Esta carretera la transita todo el mundo. Uno se sentía más inclinado a desviarse a conducir por el sendero solitario, que es en realidad el camino más corto. El que no deja huellas. Pero este era para los pocos.

Este sendero no deja huellas y nadie puede seguirlo. Es el sendero del que holla con sus pasos el propio sendero. Pero esta Conciencia es tan compasiva que no permitió al conductor desviarse del camino que transitaba el hombre práctico.


Un enorme tráiler estaba delante. Él no lo vió como un obstáculo, sino más bien como un apetecible receso en el trayecto sin tiempo. Se olvidó de Sí Mismo y se sintió protegido y agradecido a este enorme vehículo que le acompañaba. Fue fácil adelantarlo. Incluso aunque existía poco visibilidad y empezaba prontamente una curva peligrosa. Pero la convicción de estar siempre sano y a salvo es tan potente y certera, que no había duda en quien conducía.

Dar gracias es la mejor oración para lavar la Conciencia, dejarla limpia de toda mancha.

Es la mejor lavadora del mercado.

Y además es la que menos tiempo y energía consume.

Ser agradecido es Ser-en-bondad y santifica el momento presente, devolviéndote a tu centro real.

El sol hizo un guiño y supimos que ese sol era uno mismo aprobando toda acción sin esfuerzo.

Ser sin esfuerzo es verdaderamente Real.

Esta ausencia de tensión no se logra mediante gimnasia espiritual o terapias mentales.

No puede practicarse.

Es un surgimiento espontáneo, donde se descubre la disolución, que no desaparición de la personalidad. Cuando esto se ve, hay un click de ajuste dentro de uno. El cuerpo, la mente y la Conciencia, aparentemente separados, se solidifican, anclando el presente.

No es un conocimiento cerrado, sino un continuo aprender, activo, vivo, que moldea la Vida y no puede ser controlado, porque no hay nadie allí dentro controlándolo.
El campo sanaba el ambiente. Las vacas pastando, la cima de la loma y el aire fresco eran un cuadro maravilloso de colores, sensaciones y alegría. No como los cuadros muertos de las exposiciones y museos, que son producto del pensamiento modificado de las personas. No. Era creatividad viva, dinámica, fresca. Era la metafísica del arte y la simplicidad evidente.
Llegamos a un río y lo atravesamos sin problema. El puente era uno mismo…este conocer de forma directa cruza la orilla de los dos mundos aparentemente separados. Y al cruzarlo advertimos que el hombre siempre nada contracorriente intentando buscar la cima de la montaña para ver su origen. Y que estaba totalmente engañado.

Era lo opuesto. Ir a favor de la corriente, para disolverse en el mar, no remar con esfuerzo por alcanzar lo que es lejano, sino surfear a favor de la vida, con todos sus encantos y decepciones. Abrazando lo agradable y desagradable, no excluyendo nada.

Pocos se suben al barco que les llevará a buen puerto. Prefieren las hazañas imposibles y los méritos del mundo.

El que se lanza a este barco no será dañado por el mar del Samsara, el cual se ha tragado a ¡tanta humanidad…! Uno tiene que tener sed de liberación, como cuando el subsahariano busca en el nuevo mundo la libertad, que es el pan de los pobres.
Ya quedan pocas plazas. El barco va a partir.
El que conduce el barco no es uno, sino Él. Por eso cuando advertimos del peligro nunca miramos atrás. Si el bosque se quema, la gacela huye al valle.
Cuando alcanzamos nuestro destino, entonces descubrimos un pueblo de casas blancas, sin puertas, donde todo el mundo se detiene a saludarte. No existe tiempo para sus habitantes que descansan del trabajo del campo y disfrutan de su cosecha.

Una manada de pájaros sobrevolaba el cielo.

Y supimos que éramos como ellos libres, inocentes y que estábamos más allá de las garras del miedo, del mundo y del sufrimiento.

El Multiverso y el infinito bucle del Big-bang

El Multiverso y el infinito bucle del Big-bang.

¿Existe el mundo si no lo miras? ¿O es esta mirada sobre el mundo la que crea la realidad aparente del mismo? ¿Qué es real, el mundo o quién observa el mundo?

Hoy he asistido a una conferencia-documental sobre temas relacionados con la Cosmofísica en el Ateneo de mi ciudad. Una acertada y precisa exposición sobre el valor del razonamiento científico puesto al descubrimiento de nuevas fronteras que derrumban el aparente sentido común. Se planteaba cómo la percepción de nuestros sentidos es engañosa, en la medida a que nos lleva a encajonar la vasta realidad de la vida, creación y desaparición de lo conocido por la mente humana. El pensamiento del científico siempre ha aspirado a comprender el funcionamiento del Universo, sus leyes, su dinámica e interacciones de fuerzas con dos nobles objetivos:

  1. La búsqueda de la Verdad subyacente en la naturaleza de los fenómenos a través de leyes universales, que constituyen la aparición, preservación y destrucción de los objetos de la realidad.
  2. La predicción, en términos absolutos o probabilísticos, de estos fenómenos para beneficio práctico del ser humano en su vida cotidiana.

Así tenemos, que cuando el científico busca lo apuntado en el primer punto, se topa con la barrera del razonamiento como obstáculo para comprender el engranaje de sucesos que desarrolla la manifestación. Einstein, Schrödinger, Newton, Heisenberg, David Bohm y un largo etcétera de eminentes personajes desembarcaron en el terreno especulativo de la filosofía existencial, apuntando en varios libros su imposibilidad para llegar más allá de lo que los avances tecnológicos le permitirían demostrar o corroborar. Sus afiladas mentes, dispuestas a retos cada vez mayores abrieron espacios de reflexión, derribando muros conceptuales, ayudados por el conocimiento acumulativo del saber científico. Todos ellos se apoyaron en hombros de otros para vislumbrar sus nuevas teorías, modelos que explicaran con mayor exactitud la “phisis” o naturaleza de lo visible. La mayoría no hablaban de objetos materiales, sino de energía, luz, espacio, tiempo, vacío, agujeros negros y “fantasmas planetarios” (como Herschel). Todos estos conceptos son abstracciones de existencia real que puedes leer en sus libros no sólo de física, sino también en publicaciones de filosofía. El científico que indaga en esta dirección está abocado a encontrarse con el filósofo…y en último término con el realizador de estas verdades, que es el místico. La aparente irracionalidad del místico es una gran paradoja. Encarna por un lado la sapiencia del científico en la investigación de la naturaleza real, y por otro lado, la aparente incongruencia de la azarosa y no predecible vida.

El místico no sigue en su vida diaria ningún modelo, porque ha llegado a agotar la investigación de la naturaleza real del mundo asociada con la aparente realidad de sí mismo, para llegar a descubrirse no definido, no limitado y no asociado con atributos de medida o descripción. Ha introducido su cabeza en el agujero negro de una galaxia para aparecer libre, sin tiempo, no devorado por las angustias de las limitaciones del ser humano. Ha eliminado la palabra “humano”, para descubrirse como simplemente “Ser”. Ser no es descriptible, está más allá de las definiciones, aunque tenga su referencia en el diccionario. Ser, es para la mente una simple abstracción, pero una realidad sólida que vertebra el universo. Es el “anima mundi”, no recluido en un determinado cuerpo. Es el éter que nombraban los antiguos filósofos griegos como el quinto elemento. Puede llamarse también Conciencia. Lo pongo en mayúsculas deliberadamente, para dar a entender que no es un objeto propiedad de ningún individuo o científico o místico. Ser es impersonal, no reflexivo, autoevidente en sí mismo y que por tanto no puede aumentar, disminuir o destruirse. Schrödinger escribió un libro muy esclarecedor, titulado “Mente y Conciencia”, desgranando las diferencias entre ambos términos.

En el documental que vimos, se hablaba del origen del Universo, del Big-Bang que intenta explicar el funcionamiento inicial del mundo conocido, del estado primordial de la materia en esos momentos, de la creación del espacio y el tiempo… Uno se pregunta, pues, si como se postula hubo un origen para este Universo, entonces éste tiene una fecha de caducidad. Pero además si se afirma que el Universo es ilimitado e infinito, en el sentido de no conocerse los bordes del mismo, entonces esto choca con que hubiera un nacimiento que marcara su inicio. El Universo no existía, el tiempo no existía, la materia no existía … Todos términos negativos que no aclaran sino que niegan o no aciertan a explicar si había un “antes de”. De existir algo, esto sería un Vacío Cosmológico, donde el Universo estaría en embrión, en potencial, en semilla del umbral de la existencia. Tendríamos No Existencia, Vacío. Vacío de todo pero lleno a la vez de algo que Es y Será.

¿Y si hubiera un Vacío no estaría éste como consecuencia de un Universo anterior, y así sucesivamente?

¡Jueguen, apuesten señores. Disfruten del espectáculo de la Vida, sus misterios y sus azares!

Paradoja, Inabarcabilidad, Incognocibilidad…, ¿quién se apunta?