Encontrando a mi gurú

octubre 10, 2015 0 Por Yesod

gurúNo sé si te has preguntado alguna vez qué es la honestidad. O si te lo has preguntado, a lo mejor, hayas encontrado en ella alguna respuesta para tu vida. No está de moda la honestidad. Nunca fue una moda. Por eso la traigo a colación.

¿Qué es honestidad?

Seguro que tienes una idea preconcebida sobre este término. Seguramente te viene a la mente alguna persona que hayas conocido. Puede ser el autor de cierto libro que te ha inspirado y que transmite esta escurridiza esencia.

Algunos no encontrarán en esta pregunta más que un simple galimatías filosófico. O simplemente un juego del conocimiento y de la memoria. Un responder desde lo conocido, desde lo leído. O bien, desde lo escuchado a través de otros.

Pero yo no te la planteo de este modo.

No es juego de preguntas y respuesta, como los que ves en televisión. No hay premio. No hay siquiera certidumbre de que alcances a conocer el fallo del jurado. Ni a lo mejor garantías de satisfacción al cliente. No es un servicio post-venta.

Puedes tomártela como un juego…pero un juego infantil. Sí. Como cuando éramos unos niños. Donde jugabas sólo por el placer de jugar. Para eso, solo debe haber un requisito. Elimina todo lo que sabes del tema. Y escúchala ahora, en este momento, cuando te la lanzo.

Es una pregunta muy poderosa. Yo la igualo a preguntar ¿Quién Soy Yo?

Es una pregunta significativa. Si la enfocas desde el punto de vista vital. No separado de tí, o de tu mente. No. Sino preguntar para descubrir. Descubrir la esencia, la fragancia que desprende la flor de la honestidad.

No la pases por alto. Es una pregunta que quema. E incluso te puede matar. Me refiero a tí. A tu ego. Es peligrosa. Muy perjudicial para el ego. Sulfuro que corroe las entrañas.

Aquí os recojo la definición que arroja mi amada Wikipedia sobre este término:

“La honestidad (Del latín honestĭtas, -ātis1 ) o también llamado honradez, es el valor de decir la verdad, ser decente, recatado, razonable, justo y honrado. Desde un punto de vista filosófico es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo como se piensa y se siente. Se refiere a la cualidad con la cual se designa a aquella persona que se muestra, tanto en su obrar como en su manera de pensar, como justa, recta e íntegra. Quien obra con honradez se caracterizará por la rectitud de ánimo, integridad con la cual procede en todo en lo que actúa, respetando por sobre todas las cosas las normas que se consideran como correctas y adecuadas en la comunidad en la cual vive.

En su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo exterior, los hechos y las personas; en otros sentidos la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo.

Honestidad y honradez, términos originariamente distintos, se han aproximado con el lapso del tiempo y la influencia del idioma inglés; de tal modo que se está produciendo una suerte de refundición de ambos para aludir a la definición de honradez, siendo ésta sólo una de las acepciones del vocablo “honestidad”

Ahora, olvida esta parrafada anterior.

Deposita tu pregunta en tu corazón. La mente no sabe. Por eso tiene que preguntar. El corazón tiene la respuesta. Pero contesta a su manera. No le impongas un tiempo. No lo oprimas con una respuesta inmediata. Déjalo reposar allí.

Si has hecho esto que te sugiero, pueden quizás también venirte preguntas de este tipo surgidas a partir de la primera:

¿Yo soy honesto/a?

Si no lo soy, entonces me pregunto y te preguntarás posiblemente, ¿cómo es posible identificar a una persona honesta?

Es perfectamente válida, pues puede surgir. Buscar a alguien totalmente honesto. Es un impulso que surge cuando al observarnos vemos que no lo somos. Es humano. Y un hecho cuando surge en nuestra mente como un objeto de la Conciencia. No lo niegues.

Evidentemente, el que pregunta, debe conocer lo que implica esta definición. Y no solo quedarse en la mera superficie, en la piel del concepto. Es decir, no entenderlo intelectualmente, sino haber integrado la plena y total honestidad en su vida diaria.

Cómo si no puede el individuo siquiera entender, llegar a colegir o “intuir” que el que está enfrente es una persona honesta.

Evidentemente, te habrás dado cuenta, que si el que pregunta esto cumple estos requisitos, entonces ¿para qué va a buscar fuera a “alguien” que los posea?

Es un absurdo.

También te habrás dado cuenta, que nunca, “ninguna persona” puede SER honesta. La misma identificación con la persona, es deshonestidad.

La persona es un conjunto de recuerdos en la memoria del soñador que se imagina aparte de su pensar. Aunque no lo es.

Luego, el pensamiento “yo” se pregunta a sí mismo, si puede alcanzar la plena honestidad. Cuando es él quien ha creado la deshonestidad, la ilusión de separación de la propia pregunta. La pregunta es el inquiridor de la pregunta. Están hechos de la misma naturaleza del propio pensar. Ambos son limitados. Constreñidos en su propio y reducido espacio de conciencia. Por tanto, no puede alcanzar a comprenderla plenamente. Evidentemente, porque es irreal… El personaje que hace la pregunta no existe. Tan solo en la memoria. Por tanto, no es lo real. Es lo irreal queriendo conocer lo Real.

Tampoco algo que estuviera al alcance del personaje soñado. No por ser imposible, sino porque la pregunta y el que pregunta deben desaparecer, para que la respuesta aparezca.

La persona como decía en una publicación de Tarsila Murguia en:

https://www.facebook.com/tarsilamurguiamorales/posts/10206883258534437

donde recoge el bello texto de Wei Wu Wei nos refleja el engaño, siempre oculto para la persona, pero evidente para el corazón del Ser.

¿Por qué estás triste?…

Porque el 99.9 por ciento

De todo lo que piensas,

Y de todo lo que haces,

Es para ti mismo –

Y no hay ningún ‘ti mismo.’

-Wei Wu Wei

  • Las cualidades y certificaciones de un gurú.

Esto enlaza con la compulsiva necesidad de encontrar alguna pista, alguna marca distintiva que permita certificar a un gurú verdadero. Una prueba. Esto es un hecho muy común en todos los círculos de trabajo en el crecimiento espiritual. Es el punto de partida para depositar tu confianza. Un signo, una marca para poderte acercar a su mensaje. A todos nos ha ocurrido.

Pero antes hay que conocerlo. Analizarlo. Así piensas. Y así generalmente actúas.

Buscar algún fallo en el comportamiento del maestro o conferenciante o iluminado.

Hay tantos términos para definirlos. Ser un detective del error humano. También del divino. Porque tú conoces lo que es las cualidades divinas. Tienes un modelo. Un ideal. No lo niegues. Crees saber cómo debe comportarse. Qué cualidades debe tener.

Si debe estar sano. La edad también importa. Incluso el sexo. Si es mujer entonces puede no estarlo. Si come lechugas, entonces está realizado. Si hace milagros, entonces es un liberado. Si habla dulce, entonces es un Maestro de Amor. Si está casado, entonces no puede entrar en el círculo de gurús. Mejor con referencias. Peor si no te contesta directamente a tus preguntas. No debe tener ira. Siempre tiene que estar contento, feliz. La encarnación de la paz. Hablar despacio. Cuanto más lento, mejor. Una mente zen. Si sabe sánscrito y recita mantras, entonces seguramente ha llegado al final del camino. Si no tiene sexo, si no ve la televisión, si se ríe poco, si no cuenta chistes, si no dice brusquedades verbales…en fín, todo lo que se te ocurra.

Pero yo te digo que esto es cero. Nada. Nothing. Que el que transmite esta enseñanza no es medible. Y esto te desilusiona. Claro. El cuento de hadas termina. La quimera se desvanece.

Pues no. No existen pruebas dentro del terreno de la dualidad de la autenticidad de un ser realizado. No las vas a encontrar. Aunque te resistas a aceptarlo.

Los moldes se rompen. Y además tiene que ser así. Como si no puede ayudarte. ¿Desde un modelo terapeútico? Para eso tienes a otros. Estos continuarán razonando con tu yo. Hacerlo más adaptable. Pero no te sentirás completo/a.

Él no juega tu juego. No tiene un patrón de comportamiento. Se descubrió sin imagen. Sin anticipación ni memoria. Él está muerto. Y muy vivo a la vez. Es la paradoja del loco-cuerdo. Juega con tu locura y te arrastra hacia su cordura.

Así que sólo tienes una elección. Encuentra tú tu propia honestidad. Y ya no te surgirá la idea de buscar un gurú.

Y es que buscar, la búsqueda, es el lastre. Cuando la búsqueda es aniquilada, el gurú aparece.

El gurú ERES TÚ.

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